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Posts Tagged ‘MEMÒRIA DEMOCRÀTICA’

José María Marcet: “Empecé la campaña en el Ejército Nacional como cabo tirador de una sección de ametralladoras, las primeras que llegaron al frente de Huesca”

“Me aterrorizaba la idea de caer vivo en manos de los rojos”

“Con un siniestro sentido del humor me dije que si me pillaban me pasearían por las calles de Sabadell metido en una jaula y con un letrero que diría: «La bestia del fascismo cazada viva en el frente de Aragón»”

Había servido a mi patria con las armas en la mano, y ello significaba simplemente que estuve dispuesto a dar mi sangre y mi vida por ella como la dieron nuestros mejores camaradas.

“Al apearnos del coche con el fusil ametrallador en la mano, llamé golpeando con insistencia las pesadas puertas del edificio del Ayuntamiento de Sabadell”.

Tòtem i placa de l’alcalde franquista José María Marcet a Bellaterra

Sección 1.ª Símbolos, elementos y actos contrarios a la memoria democrática
Artículo 35. Símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática.

  1. Se consideran elementos contrarios a la memoria democrática las edificaciones,construcciones, escudos, insignias, placas y cualesquiera otros elementos u objetosadosados a edificios públicos o situados en la vía pública en los que se realicen menciones conmemorativas en exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar y de la Dictadura, de sus dirigentes, participantes en el sistema represivo o de las organizaciones que sustentaron la dictadura, y las unidades civiles o militares de colaboración entre el
    régimen franquista y las potencias del eje durante la Segunda Guerra Mundial.
  2. Asimismo, serán considerados elementos contrarios a la memoria democrática las referencias realizadas en topónimos, en el callejero o en las denominaciones de centros públicos, de la sublevación militar y de la Dictadura, de sus dirigentes, participantes en el
    sistema represivo o de las organizaciones que sustentaron la dictadura, y las unidades civiles o militares de colaboración entre el régimen franquista y las potencias del eje durante la Segunda Guerra Mundial.
  3. Las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias y territorio, adoptarán las medidas oportunas para la retirada de dichos elementos.
  4. Cuando los elementos contrarios a la memoria democrática estén ubicados o colocados en edificios de carácter público, las instituciones o personas jurídicas titulares de los mismos serán responsables de su retirada o eliminación. Carecerán de visibilidad los retratos u otras manifestaciones artísticas de militares y ministros asociados a la sublevación militar o al sistema represivo de la Dictadura. A tal efecto, no podrán mostrarse en lugares representativos y, en particular, despachos u otras estancias de altos cargos, espacios
    comunes de uso, ni en áreas de acceso al público.
  5. Cuando los elementos contrarios a la memoria democrática estén ubicados en edificios de carácter privado o religioso, pero con proyección a un espacio o uso público, lasbpersonas o instituciones titulares o propietarias de los mismos deberán retirarlos o
    eliminarlos, en la forma establecida en el presente artículo.
  6. Lo previsto en los apartados anteriores no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurranbrazones artísticas o arquitectónicas protegidas por la ley. A efectos de lo dispuesto en el párrafo anterior, concurrirán razones artísticas cuando se
    trate de elementos con singular valor artístico que formen parte de un bien integrante delbPatrimonio Histórico Español. Únicamente se considerará que concurren razones arquitectónicas cuando el elemento sea fundamental para la estructura del inmueble, de tal modo que su retirada pudiera poner en peligro la estabilidad del inmueble o cualquier otro aspecto relativo a su adecuada conservación.
    En el caso de que concurran razones artísticas o arquitectónicas que obliguen al mantenimiento de los referidos elementos, habrá de incorporarse una mención orientada a la reinterpretación de dicho elemento conforme a la memoria democrática.
  7. Los elementos retirados de los edificios de titularidad pública se depositarán, garantizando el cese de su exhibición pública, en dependencias que habrán de comunicarse al departamento competente en materia de memoria democrática, debiéndose realizar y
    actualizar un registro de los mismos.

MI CIUDAD Y YO (José María Marcet Coll, alcalde de Sabadell, de 1940 a 1960)

“En el curso de este largo período tuve también muchas, muchísimas satisfacciones, pero si no hubiera tenido ninguna, me hubiese considerado igualmente pagado con aquella emotiva y espontánea manifestación del Caudillo de España, al terminar la audiencia en el Palacio de Pedralbes y estrechar cordialmente mi mano: Marcet, usted siempre será mi alcalde de Sabadell”
(29 abril 1960)

L’alcalde Marcet davant el monument de la Creu dels Caiguts amb motiu de l’aniversari de l’alliberament de Sabadell (27 de gener de 1939)



A MANERA DE PROLOGO

Nada fácil es escribir con la debida objetividad sobre un tema que tan entrañablemente me afecta. Dos décadas de intensa vida pública son una buena parte de la existencia de un hombre. En su examen no es posible dejar de lado sentimientos de todo orden y recuerdos de toda clase, gratos unos, penosos los demás y algunos tal vez demasiados necesariamente amargos. Veinte años al frente del primer puesto directivo de la vida ciudadana, en una urbe que, por sus peculiares características, posee todos los inconvenientes de una gran capital y ninguna de las ventajas de cualquier pequeña villa, marcan a un hombre con un sello indeleble, dejan una huella imborrable en la propia vida y, a medida que el tiempo nos aleja de la fecha en que cesaron las responsabilidades directivas, todo se ve en una perspectiva nueva. Hechos y figuras que fueron un tiempo, que ya no serán más, se archivan en el recuerdo con la pequeña his- toria de uno mismo, y aparecen y desaparecen como fantasmas que no se esfumarán del todo hasta que la vida haya escrito en uno mismo el último capítulo.

Mirar atrás en el pasado, buscar en él hechos, acontecimientos y circunstancias, revivir fechas y sensaciones, palabras y silencios, es, en realidad, proyectar los años a un tiempo que ya no existe, pero, en el fondo, es también rejuvenecerse un poco, vivir de nuevo una vida sobre la que ya empezaba a reinar el olvido.

Acaso sea más fácil juzgar una época y unos hombres con esa ecuanimidad que sólo es posible si el tiempo ya no está en presente. Sin embargo, cuando uno mismo es el juez, no resulta demasiado sencillo. Pero deseo lograrlo y para ello cuento con la serenidad que imponen los años transcurridos y la experiencia que éstos dejan siempre de su paso. Por otra parte, los hombres poseemos ese noble orgullo que se llama la propia estimación, Nacida de una ética que ha sido y será siempre norma de mi vida, impedirá que me cieguen el apasionamiento y la conveniencia.

No obstante, al dar a luz estas páginas escritas con mi peculiar espíritu combativo, pido humildemente y de antemano disculpas a todos cuantos cite en ellas. Es posible que en alguna circunstancia puedan considerar molesta determinada alusión a cualquier hecho relacionado con ellos. Debo decir que todo cuanto vaya exponiendo a lo largo de estos recuerdos será fiel refle jo de mi característica y a veces ruda sinceridad.

En estos últimos años hemos visto proliferar Memorias de personajes de talla mundial más o menos grande. La mayoría han sido escritas con evidentes afanes de justificación perso nal, casi como confesiones más o menos sinceras, cuando no con miras estrechas y egoístas, dictadas al parecer con el exclusivo propósito de servir unas apetencias, defender unas ideas o tergiversar unos hechos, a todo lo cual se sacrifican no importa qué valores históricos o humanos, con la ingenua pretensión de que sólo cuente el valor individual de quien las firma, y este valor haga la historia.

Por eso ahora, al disponerme a escribir el relato -no la memoria- de mis veinte años al frente de la Alcaldía de la ciudad de Sabadell, quiero hacer constar que antepondré por encima de todo, incluso por encima de mí mismo, la verdad a la conveniencia, la sinceridad al oportunismo, la realidad a ese pecado actual, tan de nuestro tiempo, que se llama justificación. Hacer las cosas de otro modo sería tanto como negarme a mí mismo, y no soy tan joven como para que esto pudiera tenerme sin cuidado. Además se desvirtuaría irremediablemente el posible valor histórico que para mi querida ciudad pudiese tener la vivisección de estas dos décadas.

Confieso que me han decidido a escribir estas memorias los numerosos y encarecidos ruegos de amigos muy queridos. Quienes me conocen saben que sólo sería capaz de hacerlo ateniéndome a las premisas ya apuntadas. Creo que nadie me negará que la característica más destacada de mi vida y de mi carácter ha sido la valentia moral. Nunca he sido partidario de medias tintas ni de paños calientes, y he sido así en mi vida privada, mi vida comercial y mi vida politica. Tengo la convicción de que cuando hay que decir una verdad, no hay indecisión ni adornos que valgan, y entiendo por adornos cualquier intento de disfrazar la verdad.

También he de hacer constar que no me guía el más mínimo afán de popularidad, y con esto salgo al paso de posibles y más o menos solapadas consideraciones de esos enemigos que todo el mundo tiene y que, en realidad, solamente sirven, muchas veces, para darnos un valor del que carecemos. Veinte años desempeñando el primer cargo ciudadano en mi querida ciudad de Sabadell -período que puede considerarse como un auténtico record del que no hay precedentes en la ciudad- inmunizan contra cualquier veleidad de este tipo. Me guía, esto sí, exclusivamente, el deseo de aportar, en la medida de mis posibilidades, unos datos más o menos valiosos a la historia ciudadana de estos últimos años, historia de tan intensa vitalidad y encontrados sentimientos, de tantas pasiones buenas y malas, de tan sinceras entregas y adhesiones mentidas, de tanta mezcla de virtudes y pecados de ciudadanía, que sea el fiel reflejo de una vida al desnudo, sin esos paliativos y piadosos velos que tantas veces son manto encubridor y celestinesco y muy pocas conciencia de digno y pudoroso recato.

Naci en Sabadell el 26 de marzo de 1901. Tenía apenas dos años cuando mi madre falleció de tifus, enfermedad terrible en- tonces porque en aquel tiempo no era posible combatirla como en la actualidad. Quedé, pues, desde muy corta edad, bajo la sola y relativa tutela de mi padre. El recuerdo más lejano que conservo de mis primeros años es el ambiente turbulento de aquella nefasta “Semana trágica” de 1909. Como en Barcelona, también en Sabadell corrió la sangre. Desde el balcón de nuestra casa, en la que entonces se llamaba plaza de Espartero, presenclé, al lado de mi padre, la proclamación de aquella efímera República que pretendía no sólo nacer sino estabilizarse al socaire de unos sangrientos acontecimientos.
Pasada la convulsión, la ciudad no tardó en recobrar su acostumbrado ritmo. Aquellos años fueron para Sabadell una especie de Belle Époque en la cual la vida social y económica transcurria en una especie de ambiente bucólico. Todo el mundo se conocía y alternaba dentro de cada sector social. Una docena de familias de gran tradición regian los destinos de la ciudad, constituidas poco menos que en árbitros de la vida ciudadana. Fue aquella una época en la que cualquier hijo de vecino podía dirigirse a la estación del Norte y comprar un billete para Paris a cualquier otra ciudad europea, sin necesidad de llevar el pasaporte en el bolsillo y sin más trámite ni obligación que pagar su importe.
La ciudad de Sabadell era entonces aproximadamente la décima parte de lo que es en la actualidad. Sin embargo, incubabanse ya en ella los fermentos sociales, habían estallado las primeras huelgas y se ventilaban también las primeras luchas como secuela y resultado del paso del obrero desde el artesanado a la industrialización. El antiguo artesano, de una tradición que se perdía casi en los orígenes de la ciudad, se transformaba sensiblemente en proletario y porque, en cierto modo, perdía su personalidad, al despersonalizarse se convertía en campo abonado para toda clase de influencias.
Mientras se producía este hecho social de una trascendencia que apenas se ha tenido en cuenta, iba cimentándose el futuro de Sabadell con la creación de industrias nuevas. Mi familia, como tantas otras tradicionales en la ciudad, vivía intensamente esta transformación industrial que en aquel tiempo, por lo que era y representaba, tenía un carácter revolucionario. De niño, tuve ocasión de ver muchas veces a los compradores de paños que, procedentes de provincias, acudían a la ciudad y se hospedaban por varios días en el desaparecido hotel España, donde durante unos diez años vivi con mi padre. Recuerdo que lo dirigía don Francisco Vives, hombre apasionado por su profesión y modelo de caballeros. Entre el Colegio Mercantil (el popular «cal Tachés), los Escolapios y un par de cursos transcurridos en un colegio francés de Burdeos, transcurrieron mis años escolares. Fui pésimo estudiante. Cierto día mi padre recibió una carta del rector de los Escolapios, en la que le decía textualmente que lo mejor sería que no acudiera más a clase y no terminara el curso. Como tantos hijos de sabadellenses entregados en alma y vida a la industria, apenas hube cumplido los quince años, y con una preparación cultural insuficiente, me encontré en la fábrica cumpliendo un horario que empezaba a las seis y media de la mañana. El signo de aquella época se definía gráficamente con esta frase en vernáculo: Treure’s la son de les orelles (literalmente, quitarse el sueño de las orejas), lo que era forzoso hacer desde muy joven, es decir desde niño. Sobre este particular puedo citar ejemplos vivos de auténticos triunfadores en el ámbito industrial que apenas sabían leer y escribir. Como contrapartida, muchachos que habían sido enviados por sus padres a estudiar en los mejores colegios de Inglaterra y que regresaron con sus flamantes títulos universitarios, resultaron, en el terreno práctico, verdaderas nulidades. La verdad es que era forzoso elegir entre lo práctico y lo formativo. No cabía opción: había que forjarse en el duro yunque del trabajo diario, o medrar al amparo de una formación cultural de hipotético rendimiento a largo plazo.
Mientras España, que a principios de siglo había liquidado los restos del imperio colonial, se replegaba en sí misma, como si de este modo pudiera curarse las heridas recibidas, la vida de Sabadell, reflejo de la de tantas otras ciudades españolas de aquella época, transcurría con escasas alteraciones en su ritmo tradicional. Hallábase entonces en pleno apogeo el llamado «Casino dels senyors», con sus bailes de Carnaval y sus solemnes fiestas de vez en cuando. Numerosas compañías teatrales hacían temporada en la ciudad, en el Euterpe y en el señorial Teatro Principal para la burguesía media, La máxima diversión del obrero consistía en pasar la tarde del domingo en el café jugando a la «manilla», cavando un pequeño huerto o jugando a bales en el desaparecido bosque de Can Feu, aunque su placer supremo era ese par de horas que pasaba en la barbería. Estos domingos, con las salidas de misa de 12» y la exhibición de los potentados paseando en los últimos modelos de relucientes
coches de caballos o en las clásicas tartanas, tenían una fisonomía peculiar hoy totalmente desaparecida, pero que fue fiel reflejo de compromisos sociales cuya máxima expresión la constituían Ias bodas de conveniencia entre hijos de industriales, para asegurar mejor la continuidad y el engrandecimiento de una común industria. De vez en cuando algún escándalo de tipo amoroso conmovia la ciudad entera y era tema de conversación para varios meses. Todo ello un conjunto de hechos y situaciones a veces paradójicas que, examinados en la perspectiva del tiempo, carecen de todo contenido substancial. No obstante, aquella época, con sus defectos y sus virtudes, cimentó el futuro de la ciudad y empezó a abrir el ancho cauce que permitiría el gigantesco desarrollo actual.
Si buscáramos un punto de partida a esta prodigiosa evolución, podriamos fijarlo, sin duda alguna, en el período comprendido entre los años 1914 y 1918, es decir el de duración de la primera Gran Guerra. La neutralidad de España en este conflicto mundial hizo que su industria trabajase a pleno rendimiento para los ejércitos aliados, sobre todo en la fabricación de paños y mantas de campaña. Nuestra industria característica, para la que la nueva técnica de la hilatura de estambre supuso un considerable progreso, conoció una época de insólita prospe- ridad. En poco tiempo se amasaron considerables fortunas, algunas de las cuales se desvanecerían después casi tan rápidamente como se consiguieron.
Sin embargo, esta prosperidad no vino sola: la acompañó un agudizamiento de las cuestiones sociales, la actividad del anarquismo y sindicalismo y la resurrección del somatén. La serie de atentados y disturbios de carácter sangriento que se produjeron entonces, demuestran el grado de virulencia que alcanzó aquel estado de cosas en la pugna entre obreros y patronos. Iniciábase ya, sin contención ni cortapisas, la lucha de clases.
Es curioso destacar el hecho de que tales luchas alcancen su máxima gravedad en las épocas más prósperas, como si el hecho de tener mejor cubiertas las necesidades materiales, estimulara aún más los egoísmos, despertando nuevas apetencias.
En esos años se inició la inmigración casi en masa. Llegaron a Sabadell grandes contingentes del Levante español, principalmente de las regiones de secano de Murcia, Almería y Alcoy, mal recibidos de entrada, pero a quienes se debe el establecimiento de las bases del futuro gran Sabadell. Esta inmigración superó extraordinariamente en número a la que, con carácter casi exclusivo, procedía de la propia región catalana.
Hoy, difusa en la distancia de los muchos años transcurridos, aquella generación de inmigrados demuestra el gran poder de asimilación de nuestra tierra. Quienes en aquellos días llegaron a Sabadell con toda la ilusión y los afanes de la juventud, son actualmente los abuelos de las generaciones presentes, y de su pasada naturaleza no subsiste en ellos sino el nombre. Son tan sabadellenses como sus propios hijos y nietos.
Terminada la guerra, se inició en España un nuevo período de inquietud política. Desgobernada totalmente por partidos de derechas e izquierdas, se recrudecieron las luchas sociales, y los atentados ensangrentaron a diario las calles de Barcelona. Tal era la situación aquella mañana del 13 de septiembre de 1923, cuando el glorioso general Primo de Rivera, precisamente desde la Capitanía General de Barcelona, con un golpe de Estado se- ñaló un nuevo rumbo a la historia de España. Tiempo después la República calificaría de indignos aquellos siete años de paz y prosperidad extraordinaria que dio a España el llorado marqués de Estella. Pero más tarde o más temprano la historia juzga a sus protagonistas, y a don Miguel Primo de Rivera, con todos sus defectos humanos y sus grandes virtudes, le ha reservado el justo lugar que merece por su fructifero y honesto mandato.
Primo de Rivera llevó a cabo la pacificación social de Cataluña y acabó con la ola de atentados y disturbios de todo género que caracterizaron el período subsiguiente a la terminación de la guerra mundial,
Aquel mismo año de 1923, en plena juventud, me inicié en las lides políticas. Hasta entonces había militado en las filas de la Juventud Maurista. Mi padre desempeñaba el cargo de presidente de la Unión Patriótica, y estaba al frente de la Alcaldía de la ciudad el doctor don Esteban María Relat, de grata memoria y ferviente monárquico. A él, durante su mandato, se deben las obras ciudadanas de mayor importancia que se llevaron a efecto en aquella época, entre otras muchas la construcción de la plaza del Mercado y la discutida transformación de la Rambla en bulevar. Como concejal entré a formar parte del Ayuntamiento y fui elegido después diputado provincial, cuando Milá y Camps, conde del Montseny, regía esta corporación. Bajo la égida del general Primo de Rivera, gentes honestas y de la más absoluta buena voluntad rigieron los estamentos de la nación y España conoció una época de florecimiento y progreso, En aquellos tiempos llegó incluso a circular el oro como moneda y la peseta gozó de una elevada jerarquía en la cotización inter- nacional de divisas. Epoca dorada que añoramos muchos que la vivimos y que pareció culminar con las Exposiciones Universaes de Barcelona y Sevilla.
Pero en 1930 se vino abajo estrepitosamente la dictadura de Primo de Rivera. El general fue humillado, difamado y escarnecido y poco después moriría de tristeza exiliado en París. Cuando el general Berenguer se hizo cargo del poder estatal, la primera actividad de su gobierno fue la tenaz persecución, aunque sin resultado, de todos aquellos que habían servido leal y de- sinteresadamente a la Dictadura y a España. De nuevo se desataron las pasiones y los conflictos sociales se enconaron más que antes. El mandato del general Berenguer había de durar muy poco. Incapaz de sujetar con la debida firmeza las riendas de una nación en la que germinaban los más encontrados impulsos, como había de demostrarse a la vuelta de pocos meses, tuvo que ceder a su debilidad y su impotencia. Y el 14 de abril de 1931, al socaire de unas elecciones municipales que, en realidad, significaban muy poco, se fraguó nada menos que la caída de la Monarquía, sin que ni los propios monárquicos la defendieran, y aun algunos la empujaron en su caída, y la proclamación de la República.
Pacíficamente Sabadell entró en el nuevo período. La República llegó a la ciudad sin más inconvenientes que unas manifestaciones en las calles con el consiguiente griterio, una especie de concentración final en la plaza de San Roque, quema pública de banderas rojigualdas y retratos del rey y el correspondiente cambio de nombres de las calles. Conocida mi destacada filiación monárquica, en aquellos años de la República me mantuve al margen de toda actividad política y me dediqué exclusiva- mente a mi familia, mi mujer y mis hijos.
En el último período de la República, en el que el malestar social, el caos y el desorden auguraban lo peor, no había más solución que el sacrificio supremo capaz de salvar a la nación del abismo en que la precipitaban una serie de gobiernos irresponsables, tanto de derechas como de izquierdas, totalmente ineptos. La gesta heroica del 18 de julio de 1936, con todo lo que significaria para el futuro de la nación española, estaba ya muy cerca. En nuestro sentimiento la presentíamos y la anhelábamos. En el amanecer de aquella histórica fecha se renovaron mis energías como les sucedió a tantos millares de españoles y, desde el primer momento, me senti totalmente identificado con los nuevos postulados que constituían el ideal y la conciencia del heroico puñado de patriotas que capitaneaba Francisco Franco.
Los acontecimientos se precipitaron y me vi obligado a salir de Sabadell abandonando a mi familia. Durante trece días estuve en Barcelona, en el Hotel Oriente, sin ocultarme jamás. Fui detenido en la calle, pero a la media hora era puesto en li- bertad con todas las garantías.
Desde el 18 de julio hasta el 1 de agosto tuve ocasión de ver de cerca la efervescencia revolucionaria en su misma entraña, en pleno barrio chino barcelonés, donde la orgia había de alcanzar proporciones dantescas y los desmanes y crímenes llegaron al más espantoso dramatismo. La caza del hombre, la matanza de personas inermes y la impunidad en el robo y el asesinato, adquirieron en las tortuosas callejas de aquel sucio distrito los trágicos matices de algunas estampas goyescas.
Tuve la fortuna de no ser molestado en lo más mínimo, y llegué a protagonizar una anécdota que creo refleja el peculiar estado de ánimo que me embargaba aquellos días. En el puerto de Barcelona se hallaba anclado un barco italiano, el Trevere, en el que habían conseguido embarcar numerosos perseguidos, sobre todo religiosos. En parte por curiosidad y también con el deseo de aprovechar la ocasión de huir, logré subir a bordo del buque. Pero en el momento en que éste se disponía a zarpar, desembarqué porque no me había despedido de mis familiares. Sin embargo, casi inmediatamente solicité la salida de España, y me fue facilitado un pasaporte con todos los requisitos legales entonces y sin ningún entorpecimiento. Lo conseguí por mediación de España, que era consejero de la Generalidad de Cataluña. Así, tranquilamente, en compañía de un intimo amigo, el ingeniero Domingo Martí, que también se había señalado mucho en las disputas sociales, el 1 de agosto de 1936, con las manos en los bolsillos, sin recursos, pero con la firme decisión de servir a mi patria, crucé la frontera por Port-Bou. Dejaba en mi casa a todos mis familiares, esposa, tres hijos y mi padre. Dejaba también los bienes materiales, fábrica y negocios. Partí con la pena que es de suponer, pero también con la ilusión de volver cuanto antes a mi hogar. Al día siguiente de mi entrada en Francia crucé a pie las montañas de Navarra, única zona liberada de la frontera del Norte, y entré de nuevo en España por el puesto de Valcarlos.

Tenía entonces treinta y cinco años. Incorporado en Zaragoza en el cuartel de Castillejos, empecé la campaña en el Ejér- cito Nacional como cabo tirador de una sección de ametralladoras, las primeras que llegaron al frente de Huesca, al que fui destinado en un principio. Allí, en uno de sus sectores, tuvimos que resistir, el 14 de septiembre, uno de los más furiosos ataques del ejército rojo. Por este flanco intentaban romper el frente de Aragón para facilitar el intento de apoderarse de Zaragoza, ciudad que obsesionaba a los milicianos, cuya manía era conseguir “tomar cafés en la capital aragonesa”.

En los primeros meses del Movimiento hubo en Zaragoza un desconcierto y pánico generales. La inmensa mayoría de la clase obrera militaba en los partidos de la CNT-FAI,  que tenían su feudo en la capital. Días antes se había celebrado en la plaza de toros un mitin anarquista al final del cual muchos de los asistentes, en un alarde de chulería, recorrieron el interior del templo del Pilar sin descubrirse y fumando descaradamente. Nadie tuvo el gesto viril de evitarlo.

Mucha gente de buena posición económica, ante la proximidad del frente, y como medida de precaución, se trasladaron a Navarra y sobre todo a San Sebastián. Quienes se quedaron para aguantar el golpe fueron los jóvenes oficiales de caballería del Cuartel de Castillejos y diversos grupos numerosos de gentes del campo de las Cinco Villas y de la Ribera, algunos requetés y bastantes jóvenes estudiantes que militaban fanáticamente en la Falange.

La unidad de que formaba parte recorrió en largos meses sucesivos distintos sectores del frente entre Huesca y Teruel, tomando parte en acciones de extrema dureza. VivÍ muchos momentos de gran peligro, pero siempre me acompañó la suerte. Vi caer a mi lado a numerosos amigos y camaradas. Me aterrorizaba la idea de caer vivo en manos de los rojos. Una noche, estando de escucha en una posición del frente de Almudévar, estuve a punto de ser hecho prisionero. Con un siniestro sentido del humor me dije que si me pillaban me pasearían por las calles de Sabadell metido en una jaula y con un letrero que diría: «La bestia del fascismo cazada viva en el frente de Aragón».

De muy cerca viví el horror de nuestra contienda fratricida, la más cruel tragedia que puede vivir pueblo alguno. Especial- mente duros fueron los seis meses de combate en el cerco de Teruel y de Huesca y en la cabeza de puente de Balaguer, en una de las etapas preparatorias de la liberación de Cataluña.

Cuando ésta se inició a finales de 1938, vi acercarse el feliz momento del regreso a mi querida ciudad. Nos llevaba acelera- damente al término de la guerra el impetuoso avance que marcó las últimas jornadas de la reconquista de Cataluña.

Habíamos acampado en el llano de Urgell. Era la noche del 26 de enero de 1939 y, junto con dos camaradas, me disponía ya a entrar en Sabadell, que las rezagadas patrullas de la Brigada Lister estaban ya evacuando, pero nos lo impidió un foco de resistencia enemiga en las inmediaciones de «Can Barba». Tuvimos, pues, que regresar a Tarrasa, liberada ya, donde pernoctamos unas horas. No fueron muchas porque al filo de la madrugada de aquel día claro y luminoso, con otro camarada de mi unidad y ocupando un vehículo militar, entrábamos en Sabadell por la carretera de Rubí.

José María Marcet, l’alcalde franquista de Sabadell (1940-1960), a la inauguració del monument als caiguts, el 1943|ANC Sindicat de la imatge

Una de las primeras cosas que vieron mis ojos fue el antiguo edificio de nuestra fábrica, ante la que pasé de largo para proseguir la marcha hacia el centro de la población. A aquellas horas la ciudad tenía un aspecto fantasmal, parecía muerta,
deshabitada. Ni una alma en las calles, puertas y ventanas cerradas a piedra y lodo. Ni la más leve indicación de vida turbaba aquella extraña quietud. Todavía me parece estar recorriendo el itinerario que seguimos por las calles de San Cucufate y San Félix, la plaza de Espartero y la calle del Abogado Cirera, hasta llegar a la plaza de San Roque, Al apearnos del coche con el fusil ametrallador en la mano, llamé golpeando con insistencia las pesadas puertas del edificio del Ayuntamiento. Ni el más leve rumor indicaba la presencia de alguien en el interior. En aquel momento se unió a nosotros otro sabadellense combatiente de distinta unidad del ejército libertador. Era el teniente del Requeté, camarada De Cendra.

Estábamos aún en la plaza cuando, a la ventana de uno de los edificios situados ante el Ayuntamiento, en el que se hallaba el antiguo comercio “El Maracaibo”, se asomó furtivamente un rostro que apenas reconocí, tal era su demacración: más pare- cía la cara de un cadáver que la de una persona viva. Era el señor Avellaneda, ya fallecido, quien me entregó inmediatamente las llaves del edificio municipal. Poco después penetrábamos en él y recorríamos todas sus desiertas dependencias. En el salón de sesiones sustituí el busto de la República por la enseña nacional.

Apenas transcurrido un cuarto de hora de nuestra entrada en el edificio, empezaron a llegar los primeros grupos de curiosos. Al poco rato un inmenso gentío se agolpaba ya en la plaza de San Roque.

Ahora, en la perspectiva del tiempo y con la experiencia de estos años, acuden a mi recuerdo muchas de aquellas caras conocidas. Comparo actitudes y conductas, esperanzas y realidades y, rememorando aquella inolvidable madrugada, no puedo por menos de comprobar cuántas y cuántas actitudes diferentes germinaron después en las conciencias de la mayor parte de quienes con tanta premura recibieron, en aquella triunfal madrugada, a los que devolvían la ciudad a la comunidad nacional. En aquellos grupos llenos de entusiasmo estaban representados todos los comportamientos, todas las esperanzas, todas las apetencias: los cobardes al lado de los valientes, los aprovechados mano a mano con los idealistas, los que ardian en deseos de venganza junto a quienes desde el primer momento aplicaban el cristianisimo perdón, los que querían encaramarse primero que nadie a la ancha plataforma del carro vencedor, los sinceros y los falsos, los leales y los traidores encubiertos, los deseosos de iniciar inmediatamente la tarea de reconstrucción que seguiría a la victoria, y los que ya pensaban en sabotearla, incluso aquellos que ya imaginaban la manera de acrecentar su antiguo patrimonio tratando, en la confusión, de sumar a los bienes recobrados pertenencias ajenas. Virtudes y pecados humanos en una extensa representación y simbolismo.

La misma tarde del 27 de enero volví a incorporarme a mi unidad para proseguir la campaña de Cataluña. Terminada ésta y encuadrado en el Cuerpo de Ejército de Aragón, mandado por el general Moscardó, tomé parte en la liberación de Cuenca y fui después al frente de Madrid, en el que permanecí hasta la ocupación de la capital a fines del mes de marzo. La guerra había terminado y España iniciaba su lenta recuperación de las tremendas heridas que ensangrentaron su cuerpo.

Dios me había protegido, y terminaba la contienda sin más huellas que las dejadas por las angustias pasadas, la dura experiencia de la guerra civil y el lacerante dolor de haber visto caer a mi lado a entrañables camaradas que no podían ver la victoria. Largo y despiadado había sido el camino recorrido desde el día en que, por el pequeño puesto fronterizo de Valcarlos, pasé a la España Nacional y, con el grado de cabo tirador de una sección de ametralladoras, en defensa de mi patria, empuñé las armas junto con otros millares de españoles de distintas ideologías. Con ascensos por méritos de guerra, acabé la campaña con las estrellas de teniente, sin haber cursado estudios militares en Academia alguna, lo que no dejaba de ser significativo dada mi nula preparación militar anterior, pues en mi juventud no fui llamado a cumplir servicio el reemplazo al que yo pertenecía.

El final de la guerra no supuso para mí, como para muchos otros, el regreso a casa. La tensión mundial caracterizó los meses de primavera y verano de 1939, tensión que había de llegar a un trágico desenlace el 1 de septiembre. Al estallar la segunda Guerra Mundial, España, apenas salida de su lucha, se vio obligada a vigilar sus fronteras. Fui destacado a Martinet, un pequeño rincón de las estribaciones del Pirineo catalán. Allí permaneci largo tiempo a pesar de las múltiples gestiones que hice para poder regresar a Sabadell. Desesperado por volver a casa, llegué incluso a abandonar mi puesto de servicio, con el único resultado de que la Guardia Civil fuera a buscarme a mi domicilio. Por último, en vísperas de las Navidades de aquel año, me llegó la licencia y pude volver definitivamente junto a mis familiares.

Regresé, pues, a mi ciudad en plena vitalidad, con el ánimo tenso, expectante, dispuesto a reanudar mi vida en el nuevo y prometedor ambiente de trabajo que abría para todo el mundo un ancho horizonte de posibilidades. Había servido a mi patria con las armas en la mano, y ello significaba simplemente que estuve dispuesto a dar mi sangre y mi vida por ella como la dieron nuestros mejores camaradas. Ahora, en el puesto que me asignaba la paz, estaba también dispuesto a servirla con lo mejor de mí mismo. No se me había ocurrido pensar en puestos políticos ni en prebendas. Sólo quería mi trabajo y seguir viviendo junto a los míos. Había de satisfacer ambos deseos, pero la vida me reservaba otros afanes y tareas que me obligarian a recorrer un dilatado y espinoso camino, tan duro y traicionero a veces como lo había sido la iniciarse a no tardar y cuyo primer hito sería, apenas un año de guerra. Camino que más tarde, mi elección para el cargo de primer teniente de alcalde de aquella Corporación Municipal, de la que el 7 de diciembre de 1940 fue designado presidente don Juan Mari Corominas.

Para completar el esquemático bosquejo cronológico relativo a mis circunstancias personales y vicisitudes en el período comprendido entre mis primeros años y el retorno a mi hogar nueve meses después de terminada la guerra civil, considero necesario exponer determinados hechos y situaciones de los que la ciudad fue testigo de excepción durante un largo intervalo que debo situar entre las fechas inmediatas a su liberación y el día en que tomé posesión de la Alcaldía.

Conviene puntualizar previamente ciertos aspectos en lo que se refiere a la ambientación políticosocial sabadellense poco antes de iniciarse la Cruzada. Tres grupos o estadios principales se repartian entonces la influencia politica: la burguesía, militando en las filas de la monarquía y la Liga Regionalista (catalanista); la clase media, adscrita a la Izquierda Republicana y elementos del antiguo Partido Federal; y los obreros entregados en manos del sindicalismo y de las organizaciones izquierdistas de claro signo extremista, CNT y FAI. Al margen quedaba la gran masa, como siempre, ajena a toda actividad política y únicamente con afanes de vivir y mejorar su condición humana. En aquella época no existía la Falange en Sabadell. Se la consideraba algo así como una mera palabra exótica venida de Castilla, Nadie conocía ni los principios ni la doctrina falangista. Por su parte, el Requeté representaba una pequeña minoría integrada, no obstante, por un puñado de idealistas valientes y decididos. Curtidos en la oposición, a veces violenta, contra todo lo que pudiera significar liberalismo, eran hombres siempre dispuestos al sacrificio, fanáticos incondicionales de su ideal. En la misma noche del 18 de julio dieron prueba fehaciente de ello empuñando voluntariamente las armas en los cuarteles de Artillería de San Andrés. Algunos, ante los pelotones de fusilamiento, pagaron después con sus vidas estos arranques de sublime audacia movida por su acendrado idealismo. Los comunistas constituían también una minoria insignificante. El comunismo chocaba abiertamente con la manera de ser de los catalanes, entre los cuales nunca tuvo predicamento ni masas seguidoras, como genuino movimiento totalitario importado. Por lo que se refiere a la vida religiosa, Sabadell estaba entonces dividida en una serie de capillitas. Unos grupos fomentaban el espíritu separatista, otros manteníanse en el estricto cauce tradicional, y algunos, adoptando extrañas actitudes, se hacían la ilusión de quedar a salvo en caso de peligro. Estos últimos habían de encontrarse más tarde con la dolorosa sorpresa de ser los primeros perseguidos. De nada les valieron sus
piruetas anteriores ni haberles hecho el juego a los izquierdistas. Tampoco, por otra parte, estas equivocas actitudes no valieron siquiera para salvar el más pequeño templo o edificio religioso, pues en la ciudad no había de quedar en pie ni una sola iglesia ni tampoco ermita alguna en sus contornos. Fue una dura lección elocuentemente refrendada por el mayoritario por centaje de inmolados por sus sentimientos religiosos, frente a los que lo fueron por sus convicciones políticas o sociales. El triste balance de la revolución roja en Sabadell podemos estimarlo en unas ochenta personas asesinadas, cifra estremecedora, pero que no guarda proporción comparada, por ejemplo, con los asesinatos perpetrados en Tarrasa, donde la cifra de inmolados ascendió a varios centenares. Hemos de tener en cuenta el hecho de que los odios sociales no fueron nunca tan enconados en Sabadell como en otras ciudades y pueblos.

La ciudad había de acusar con varia fortuna en sus estamentos el impacto directo de los años de guerra. Amigos íntimos que dejé allí al pasar a la España Nacional, cuando entré en la ciudad con las tropas liberadoras los vi convertidos en seres esqueléticos y hambrientos. Para ellos, como para todos los que entonces estaban en Sabadell, la liberación no sólo significaba el supremo beneficio de su espiritualidad, sino también el final del hambre. La inmensa mayoría de ciudadanos habia vivido muchos meses de dramática penuria. Se habían recorrido incontables kilómetros por unos kilos de patatas que se canjeaban por tejidos u otros productos. El agricultor se erigió entonces en árbitro de la situación, en una especie de dios todopoderoso que sabía sobradamente lo que tenía entre manos y aprovecharse de ello.

A la entrada de las tropas nacionales había de producirse el violento contraste, claro está, de la abundancia de alimentos de la España Nacional con la espantosa penuria de la hasta entonces España Roja. Realmente los soldados de Franco llegaban con la liberación, pero también con el pan en sus mochilas. Fueron los tiempos en que el servicio de Auxilio Social cumplió una admirable tarea en aquella terrible tribulación del hambre. Servicio trascendental entonces que todavía hoy subsiste incomprensiblemente, aunque languideciendo, pero incompatible desde hace mucho tiempo con el firme empeño de que impere la justicia social por la que también se luchó y murió en los años de la guerra.

Asimismo es interesante echar una ojeada al ambiente industrial sabadellense poco antes del Alzamiento y a las repercusiones que, para la industria local, tuvo la división de España en dos campos en lucha sin cuartel. Hacía años que la industria y el comercio de Sabadell, lo mismo que en otras zonas del país, atravesaba una profunda crisis económica, arrastrando una vida lánguida y ruinosa. Al estallar la guerra civil muchos industriales que pudieron huir se marcharon a Italia y Francia y la mayor parte pasó luego a la España Nacional, para afincarse especialmente en San Sebastián y Sevilla. La mayoría no tuvo mucha prisa en este «pasar al otro lado» y consideró más prudente esperar cierto tiempo hasta ver de qué lado se inclinaba la balanza. No se decidieron hasta que vieron la situación ya claramente definida. Una sola preocupación los embargaba: vivir ellos y sus familias a salvo de todo riesgo, sin pasar penurias ni calamidades, esperando que «unos> y <otros así denominaban a ambos bandos combatientes, a costa de ríos de sangre ajena, dirimieran el problema de ser o no ser de la nación española. Después, cuando la situación, aclarada ya a su entender, los invitó a decidirse, a algunos les faltó tiempo para establecer nuevos y prósperos negocios en los sitios más seguros y alejados de la línea de fuego de la zona nacional. No faltaron entre ellos los que vivieron de antiguos saldos debidos por clientes radicados en dicha zona. Otros, con una astucia y habilidad admirables, jamás perdieron el contacto con las industrias y negocios abandonados en su huida de Sabadell relacionándose con ellos mediante enlaces y correos franceses. Así pudieron seguir al día la marcha de sus fábricas, contando con encargados y contables que les eran plenamente adictos y que habían conservado sus puestos simulando adhesión a las autoridades rojas. Importa destacar que ninguna industria sabadellense quedó directamente arruinada a consecuencia de la guerra. Incluso la media docena de factorías incendiadas por las derrotadas tropas rojas de la columna Líster a su paso por la ciudad la misma víspera de la Liberación, pudieron reconstruirse en poco tiempo gracias a una derrama que se estableció en su ayuda, y que constituyó en España, un gesto único de solidaridad. Hubo industriales sabadellenses que huyeron de la ciudad en los primeros tiempos de la guerra y que al regresar después a Sabadell y recuperar sus bienes, encontraron en sus industrias activos superiores a los que habían dejado al marcharse, También hubo empresas importantes que, encontrándose ya las tropas nacionales en las inmediaciones de la ciudad, se apresraron a saldar importantes deudas, que pagaron en moneda que sabían positivamente no tendría ningún valor al día siguiente. En cambio, también hubo quienes habían guardado celosamente la plata y billetes cuya serie les garantizaba su ulterior legiti midad. A tal efecto, mientras los españoles de uno y otro bando luchaban y morían en los frentes, ellos se procuraban tranquilamente y con tiempo, listas de series y numeraciones de los billetes que conservarían después todo su valor. Naturalmente, no se contentaban sólo con las listas, sino que, ya no con tiempo sino con prisas, recogían y guardaban cuantos billetes <buenos> podían. No olvidaron tampoco cursar instrucciones a los emplea- dos que seguían siéndoles fieles al frente de sus incautadas industrias, para “camuflar” y esconder las materias primas, lanas y peinados de mayor calidad.

Lo mismo había de suceder con enseres domésticos de propiedad particular. Joyas, muebles de gran valor, cuadros, etcétera, desaparecieron en la voragine y, para su recuperación, fue necesario emplear las mejores dotes de investigación paciente, y organizar una auténtica caza de pertenencias y efectos particulares, si se quería reconstruir, en lo posible, la hacienda propia. Serían muchos los que jamás recuperarían objetos valiosos y queridos, mientras otros incrementaban sus bienes sin escrúpulo alguno. Muchas casas que habían sido incautadas por capitostes de la situación durante el período rojo, fueron ocupadas por evacuados llegados de Castilla y las Vascongadas principalmente, quienes destrozaron todo aquello de lo cual no se los apoderaron. En muchos casos fue muy difícil dilucidar la verdadera propiedad de bienes con objeto de que sus legitimos dueños, a su regreso, pudieran recuperarlos.

En los primeros y eufóricos dias de la liberación reinó un excelente espiritu de colaboración y buena voluntad. Todos, adictos y adversarios, sólo deseaban paz y tranquilidad, el fin de aquella cruenta guerra que todos, sin excepción de ideologias, anhelaban desde hacía tiempo, desgraciadamente, apenas se extinguieron las exteriorisaciones de entusiasmo producidas por la recuperación de la ciudad, entraron inmediatamente en acción los espiritus sedientos de venganza, y se desató la per secución no sólo de quienes llevaban el estigma de delitos de sangre cometidos durante los desafios de guerra, sino también contra ciudadanos cuyo único crimen había sido el de militar sincera y honradamente en campos politicos opuestos.

En momentos de gran confusión, muy natural en aquellos dias en que la ciudad acababa de cambiar de manos y había que fiarlo todo a la improvisación, apareció en Sabadell una serie de individuos, algunos luciendo vistosos uniformes, pero de condición harto dudosa, cuando no indocumentados, quienes cometieron toda clase de tropelías. Entre ellos se destacaban algunos que acababan de sufrir prisión en cárceles y en checas de la zona roja, pero cuyo origen político era siempre equívoco. Sujetos que durante casi todo el largo período de dominación marxista no fueron molestados lo más mínimo y a quienes se les respetaron sus propiedades. Gentes consideradas politicamente indiferentes o que no habían pertenecido a ninguna ideologia afin al Movimiento Nacional, pero que, en los últimos tiempos de la contienda, al ver su cariz, jugaron fuerte y se apresuraron a hacer méritos para tener una justificación ante los seguros vencedores, procurando confundirse con los auténticos patriotas que fueron aherrojados y torturados más o menos desde un principio, Vale la pena subrayar la paradoja de que algunos de estos individuos, salidos de la cárcel al entrar las tropas nacionales, volvieran a ella poco después a consecuencia de comprobadas actividades delictivas, Fueron los clásicos pescadores en río revuelto, los mismos que hoy, veinticinco años más tarde, siguen criticando acerbamente todo lo que roza sus egoísmos y mezquinos intereses.

Las piruetas circenses, ridiculas cuando no dramáticas, de estos falsos apóstoles de última hora habían de contrastar violentamente con la heroica conducta de tantas y tantas víctimas que sufrieron toda clase de calamidades, persecuciones, inacabables y terribles torturas físicas y morales y que, una vez liberados del largo cautiverio, regresaron calladamente a sus hogares, sin pregonar su sacrificio, sin pasar facturas por él, integrándose en la vida cotidiana y normal con el perdón en los labios y la verdadera paz en el corazón, insensibles al más tentador aguijón de venganza. El paso de los años no ha men- guado mi admiración y respeto por estos soldados desconocidos que, cumplidos sus estoicos servicios en las mazmorras de ignoradas cárceles y «checas de la retaguardia roja, al ser liberados cumplieron un sublime servicio más: recogerse en la callada y cristianísima resignación de unas almas henchidas de perdón.

Pero hubo muchos que en aquellos días de confusionismo político, no pudieron contener su afán de represalias y sin di- simulo mostraron singulares apetencias policíacas y carcelarias. Saciados sus primarios instintos, empezaron a mantenerse al margen y su única preocupación actual es la de pasar inad- vertidos, que nadie recuerde aquella época de su vida, como si más que la vergüenza se hubiese enquistado en sus conciencias un hipotético temor.

La instauración de un partido único fue la señal para muchos advenedizos. A centenares de ellos, que jamás tuvieron relación ni contacto algunos con el Movimiento, les faltó tiempo para adherirse a él. En el mejor de los casos lo hicieron con el mismo espíritu con que se hubiesen inscrito en una sociedad recreativa o una entidad deportiva. Era chocante ver, en los primeros desfiles de aquellos tiempos, a ciertos individuos vis- tiendo camisa azul y boina roja. También estos individuos cuidan hoy diligentemente de que estas prendas reposen en el olvido.

Durante la guerra varios millares de sabadellenses abandonaron la ciudad, unos para dirigirse a los frentes de combate de ambos campos, otros para escapar a la segura persecución de los primeros tiempos. Después, en la agonía de la desbandada, otros centenares marcharían hacia el exilio, algunos pocos para regresar meses más tarde, después de haber pasado por campos de concentración franceses y españoles, Terminada la guerra, seis ciudadanos, juzgados por tribunales militares, pagaron con sus vidas los crímenes cometidos durante su época de dominación. Otros purgaron en cárceles y presidios culpas más o menos directas. Pero a los cinco o seis años, como máximo, absolutamente todos habían regresado a Sabadell.

La pequeña politica local tuvo también un ancho campo de experimentación. Una de sus manifestaciones se reflejó en el característico entusiasmo en cambiar la nomenclatura de las calles. En este aspecto los capitostes del caído régimen habían procedido a rajatabla. Pero ahora había llegado el momento de restablecer nombres de acrisolada solera. Se sobrepasó la medida y desaparecieron algunos nombres de honda tradición y raigambre popular que, por otra parte, no tenían significación política alguna, y todavía hoy subsiste el error. Sin duda es la secuela inevitable de toda convulsión, pero esto no impide que señalemos cuánta tontería se impuso en tal aspecto en los primeros tiempos de la liberación de la ciudad. También es posible que haya que comprender necedad semejante en el hecho de que cada uno entendía la victoria en el sentido de llevar agua a su molino. Todo este confusionismo colectivo dio también lugar a singulares actitudes. Una de las más peregrinas fue la de ciertos comerciantes de provincias que llegaron a Sabadell en plan de tierra ocupada, con la pretensión de imponer ellos mismos precios de conveniencia a todos los manufacturados textiles entonces disponibles. Al parecer no les bastaban los precios insuficientes impuestos a los productos industriales, con tasas y topes que fueron el origen de la especulación y del mercado negro, generalizados después durante largos años.

Un aspecto muy interesante de aquella época fue la especial psicología con que algunos consideraron la liberación. El obrero, aunque no exteriorizara sus pensamientos, tenía la sensación y el encubierto temor de que no tardaría en caer en una nueva era de esclavitud en el trabajo, pues suponía que le sería impuesto despiadadamente de manu militari. Lo curioso es que tal mentalidad no se encontraba sólo en los obreros. Algunos empresarios de regreso en la ciudad se dispusieron a hacerse cargo de sus industrias con la seguridad de que en lo sucesivo tendrían a los trabajadores férreamente sujetos a sus pies. Una de las sorpresas más extraordinarias que a unos y a otros produjo el nuevo régimen, fue comprobar su estricta justicia social, contundente y definitiva en cuanto a establecer claramente las obligaciones y derechos del obrero en el seno de Ias empresas. A pesar de los muchos años transcurridos desde entonces algunos empresarios no han logrado todavía digerir por completo, entre otras cosas, la prohibición del despido caprichoso de obreros, Los salarios de las distintas épocas podrán haber sido discutidos por precarios o por no ajustarse a las ten- dencias inflacionistas de un momento dado, pero el conjunto de garantías laborales y seguros sociales que han ido configuran do paulatinamente la legislación social española, ni siquiera las había soñado el obrero español de las épocas de la lucha de clases, dentro de las reducidas posibilidades de la economía patria.

Muchos fueron, por tanto, los que, en uno u otro escalón social, tardaron en comprender cuán profundas habían de ser las consecuencias de una guerra civil estúpida y despiadada, que de simple lucha fratricida se convirtió en cruzada y avanzada de la guerra contra el comunismo en Europa, en la que se venti- ló la existencia de España como nación y se combatió el destructivo germen de las luchas sociales que tanta sangre y riqueza venían costando al país, obstaculizando su progreso y esterilizando las preciosas energías que habían de elevarlo a superior rango en el concierto de las naciones. Centenares de miles de españoles cayeron a uno y otro lado de retaguardias y frentes, para algo más que restituir a unos sus propiedades temporalmente perdidas o facilitar a otros el imperio sobre los demás.

Con la paz la comunidad española nacía a una nueva era que en nada se parecería a la que ya había muerto, y en la cual obligaciones y derechos quedaban perfectamente definidas y delimitados. Francisco Franco, guiando a la recobrada nación para cubrir sucesivas etapas de progreso social incomparable, reconquistando para España un puesto digno en la historis, haciendo posible la esperanza de todo un pueblo y cumpliendo
la promesa de un mañana mejor, por el que tantos hablan hecho el sacrificio de sus vidas en todos los campos de batalla, en todas las encrucijadas de las ciudades y pueblos de la retaguardia, ante todos los pelotones de ejecución, frente a todas las injusticias, en medio de sublimes sacrificios o inauditas cobardías, poderosos y desheredados, idealistas y ambiciosos, mártires y verdugos, todos cuantos, sin distinciones, murieron sobre la torturada tierra española que con tanto dolor engendraba un nuevo espíritu nacional, creaba una conciencia capaz de forjar una auténtica gran patria en el viejo solar hispano.

Font: MI CIIUDAD Y YO (José María Marcet Coll) 20 años en una Alcaldia, 1940-1960
(Memorias iniciadas en septembre de 1961 y terminadas el 18 de julio de 1962)
Primera Edición: Novembre de 1963
Talleres Gráficos Duplex, Fontova, 6 Barcelona

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Que va ser de “Lleva del Biberó”

El nom s’atribueix a la dirigent de la CNT-FAI Federica Montseny, que fou ministra de Sanitat i Assistència Social en el govern de la República entre els mesos de novembre del 1936 i maig del 1937, en conèixer el decret de mobilització de les lleves del 40 i del 41 davant l’extrema joventut dels efectius, alguns amb poc més de disset anys acabats d’estrenar. Entre finals de maig del 1938, a causa dels intents de l’exèrcit republicà per contenir l’avanç de l’exèrcit franquista en la línia del Segre, i el 25 de juliol, amb l’inici de la contraofensiva republicana a l’Ebre, uns 30.000 nois de tot Catalunya que havien de fer tasques auxiliars, es van veure involucrats de ple en els fronts de guerra. Per acabar-ho d’adobar, durant el penós procés de la retirada, hi van afegir els joves mobilitzats de la lleva del 42, nascuts el 1921.

El context de la guerra era ja clarament favorable a les forces franquistes. El 26 de març havien creuat el riu Cinca per la Barca de Massalcoreig i ocupat el primer poble de Catalunya; l’endemà van establir el primer cap de pont en el marge esquerre del riu Segre, a la Granja d’Escarp, tot i que una ofensiva republicana entre el 8 i el 12 d’abril l’aconsegueix recuperar. Aquesta va ser, però, una victòria pírrica perquè, entre el 15 i el 19 d’abril, un cop ensorrat el front d’Aragó, els franquistes havien completat la conquesta dels territoris catalans del marge dret de l’Ebre i arriben a la Mediterrània; Catalunya quedaria aïllada de la resta de territoris encara sota govern republicà.

Per a fer front a l’allau militar franquista que comptava amb l’auxili de forces àrees, navals i terrestres dels règims feixistes alemany i italià, el govern de la República ordenà la mobilització de la lleva del 41, que s’afegiren a la lleva del 40 cridada poc temps abans; l’endemà el govern de la Generalitat publicà el decret en el diari oficial; també es van mobilitzar les lleves de 1927 i 1928. El 27 d’abril tots els inclosos en les lleves s’havien de presentar als centres de reclutament més propers; en les citacions s’especificava que havien de dur una flassada, calçat, plat i cobert.

L’exèrcit republicà es reorganitzà en tres sectors: el de l’Ebre, el del Segre i el del Noguera Pallaresa i en funció de la procedència dels nous reclutes van ser destinats, en un principi, a un o altre front, tot i que la rapidesa de l’avanç franquista va convertir, ben aviat, l’exèrcit republicà en un aiguabarreig de forces i d’orígens dels seus efectius.

Els “biberons” es van trobar amb un exèrcit republicà mal vestit, mal alimentat, mal armat i amb dissidències importants dins les línies de comanament. Cal afegir que molts dels nous efectius no havien tingut ni temps per a familiaritzar-se amb l’armament i havien fet poca o nul·la instrucció militar. Així ho explica Josep Massamunt i Marquès: «Es va posar de manifest l’escassa capacitat de direcció i l’esperit de sacrifici d’uns joves que morien lluitant, però gairebé sense conèixer les tàctiques militars ni l’escàs armament de què disposaven. Així doncs, aquells joves soldats de la lleva del 41, juntament amb els voluntaris del Bruc i altres lleves ja veteranes, entraren en foc i protagonitzaren el més sagnant dels combats el maig de 1938 … L’exèrcit de l’Ebre es va dessagnar extraordinàriament, igual que totes les altres unitats de suport vingudes dels fronts del Segre i la Pallaresa».

L’historiador Edmond Vallès, afirma que: «L’autèntica batalla de Catalunya va ser la llarga batalla de quatre mesos on van quedar delmats els Exèrcits de l’Ebre i de l’Est, nodrits de lleves catalanes. Els turons de la Terra Alta foren el cementiri de l’Exèrcit popular de Catalunya».

Segons recull Lluís M. Mezquida del testimoni sobre els dies de Pàndols d’Enric Delgado, sub-comissari general del V Cos de l’exèrcit republicà, «les baixes registrades en la 11 Divisió de Líster, foren unes 5.000 entre les que es comptaven 2 caps, 10 comandants de batalló, 43 capitans, 147 tinents i 4.600 classes i soldats. Els barrancs de Pàndols, -escriu dolorit- que eren coberts de cadàvers, marcaven per a la història aquest gran massís muntanyós, com a teatre del més gran combat de la guerra. Amb ell es posà cloenda al xoc més sagnant de la guerra, amb l’enfrontament de les dues millors unitats dels exèrcits en lluita». El mateix Mezquida escriu que pel bàndol feixista «les baixes de la IV Divisió de Navarra van ser de 273 morts i 1.781 ferits, a les que cal afegir les de les 16,17 i 18 Banderes del Terç agregades a la gran Unitat i que suposaren 36 morts i 440 ferits».

Josep Vives Ciurana, en testimoni recollit per Andreu Caralt Giménez, conclou que: «Allò no es podia guanyar mai, vam creuar l’Ebre amb espardenyes i sense cartutxeres. Com volien guanyar la guerra? Si era una lluita d’un fusell contra un tanc!» Per la seva banda, Antoni Quintana Torres, ideòleg de l’Agrupació de Supervivents de la Lleva del Biberó i el seu president durant vint-i-cinc anys, explica que: «Replegats a la Fatarella rebérem forces de reforç, que aguantaren encara uns quants dies l’allau franquista. Nosaltres rebérem ordre de passar a l’altra banda del riu Ebre. De més de 500 que el passàrem a la fi de juliol, ara cabíem tots en un camió. No arribàvem al centenar».

El manresà Salvador Farrés explica que: «El Franco, des de l’altra banda, els esperava i els seguia en tot. Quan els va tenir tots allà, va dir: ara és la meva i va fer el que va voler. Però si és que no hi havia material per fer això! Ningú no ens va ajudar, ningú! Ens van abandonar! El govern de la República no tenia cap mitjà per fer això, cap! La prova és aquelles barquetes amb aquells taulons per passar l’Ebre. Home, això només ho fa la canalla quan surt al carrer! Això, un militar no ho pot fer, perquè sap que si passa no tornarà, és que no pot tornar! Hòstia, que hi ha l’Ebre pel mig! Aquella gent havia d’anar endavant o endarrere i com que endavant no hi van poder anar… es van quedar aquí».

Francisco Pérez Pulido (Pedro Abad, 20 abril 1920-Barcelona, 11 abril 1971).”El corneta” Medalla al Valor de l’Exèrcit de la República Espanyola durant la Guerra Civil 1936-1939. Descripció: Com recompensa a la seva distingida actuació durant diverses actuacions durant l’actual campanya
Ocupació: Corneta Unitat: 89a Brigada Mixta
Data: 13/11/1938 Pàgina: 693 O.C. : 23040

Francisco Pérez Pulido (Pedro Abad, 20 abril 1920-Barcelona, 11 abril 1971), el 31 gener 1940, les veïnes franquistes de Pedro Abad, Teresa Corredor Alcántara i Beatriz Coca Ramos ho denuncien dient que és un element de significació esquerrana, que en esclatar el Gloriós Alçament Nacional es va posar en contra i va marxar amb les milícies “Rojals” al capdavant. Diuen que ho saben per haver-ho sentit dir al mort Antonio Rojas Gómez.

1 maig 1940, Francisco Pérez Pulido és recluta en la caixa de l’Ajuntament de Pedro Abad (1 any, 8 mesos i 10 dies)

11 gener 1942: Romandrà com soldat al Batalló del Dipòsit de Concentració Miguel d’Unamuno de Cordoba (11 mesos i 20 dies)

14 gener 1942: Alta al Batalló Disciplinari de Soldats Treballadors número 67 a la Guarnició d’Oiartzun (Guipúscoa)

1 Juliol 1942: Treballs a pista Regiment de Fortificació del Batalló Disciplinari número 14 de Lesaka (Navarra). Els 18 km de la carretera de muntanya entre Lesaka i Oiartzun a través de l’alt d’Aritxulegi, va ser construïda per aquests esclaus republicans del franquisme.

23 novembre 1942, el fiscal 2ª Regió Militar de Sevilla, dirigida pel “Carnicer” Capità General Queipo de Llano, sol·licita una pena de 12 anys i un dia de presó aFrancisco Pérez Pulido per la seva conducta en relació amb el Gloriós Alçament Nacional.

30 novembre 1942: Sumarisimo número 1416 de la Capitania General (Queipo de Llano), de la 2ª Regió Militar amb seu a Sevilla, per aclarir la seva conducta politico social durant la guerra civil.

10 desembre 1942: Procedent del Batalló disciplinari número 14 de Lesaka (Navarra) causa alta al Regiment de Fortificació número 2 d’Arañones/Canfranc (Osca), 4ª Companyia del primer Batalló dedicada a treballs de pista per a la fortificació a la frontera, per evitar una invasió dels aliats europeus.

18 març 1943: Alfonso Rojas, alcalde franquista de Pedro Abad, escriu al Jutge Militar número 6 de Còrdova, que Francisco Pérez Pulido era d’idees comunistes i amb el comitè “Rojo”, va ajudar a aturar persones de dretes, però que no hi ha persones que puguin confirmar-ho, només la Guàrdia Civil, per haver rebut denúncies de veïnes franquistes del poble.

20 març 1943: La prefectura de Falange i de les JONS de Pedro Abad comunica al Jutge Militar número 6 de Còrdova la tendència de Francisco Pérez Pulido de “Rojo”

13 maig 1943: Auditoria de Guerra 2ª Regió Militar de Sevilla comunica que Francisco Pérez Pulido, de 16 anys, a l’inici del Gloriós Moviment Nacional, va prestar alguns serveis als “Rojos”, fent guàrdia amb armes als detinguts i que no apareixen contra ell cap altres càrrecs .

13 maig 1943: Per ordre de la superioditat Francisco Pérez Pulido es trasllada amb la unitat a la qual roman agregat, a Punta Negrí (Melilla), arribant el dia 22 de maig i incorporant-se a la 4a Companyia del 1er. Batalló.

11 octubre a desembre 1943 es trasllada amb la seva unitat a Ysuhetan/ Segangan (Protectorat espanyol del Marroc fins a 1956).

10 maig 1944: Es trasllada amb la seva Companyia a Mar Chica (Melilla)

9 agost 1944: S’incorpora a la unitat a Trasa? (Melilla) i fa feines de construcció de pista.

23 novembre 1944: Emprèn la marxa amb la seva Companyia i Batalló cap a Jaca (Osca), arribant el dia 30, es queda en aquesta guarnició.

31 desembre 1944: Amb la seva Companyia de Fortificació número 2 marxa cap a Arañones/Canfranc i allà queda destacat.

26 setembre 1945: Acusament de rebut del Servei de Llibertat Vigilada del Ministeri de Justícia de Madrid

13 octubre 1945: Segons ordre General de l’Estat Major del Cossos de l’Exèrcit d’Aragó, Francisco Pérez Pulido és llicenciat el seu reemplaçament i causa baixa definitiva al Regiment de Fortificació número 2 de Jaca.

Raül Romeva i Rueda, Conseller d’Afers Exteriors de la Generalitat de Catalunya, que signa el pròleg de l’esmentat llibre, diu que la Lleva del Biberó «representa com pocs altres fets d’aquells anys la brutalitat de la guerra. Aquells joves, adolescents en un temps d’utopies i d’esperances, van topar violentament contra una realitat ferotge. Molts van morir al front, altres van prendre el camí de l’exili, que en molts casos els va situar de nou al camp de batalla de la Segona Guerra Mundial, i encara d’altres van ser empresonats i represaliats pel règim feixista. Fos com fos, les seves vides van quedar per sempre marcades per uns fets que ni ells ni ningú haurien hagut de viure, ni aquí ni enlloc. Uns fets, tanmateix, que ni ells ni nosaltres hauríem d’oblidar mai».

Pel que fa als soldats manresans de la Lleva del Biberó del 41, Pep Castilla, investigador integrant de l’Associació Memòria i Història de Manresa, ha comptabilitzat que van ser cridats a files 291 i que d’aquests, hi van haver 67 morts o desapareguts en els diferents combats. És un percentatge molt elevat si tenim en compte, a més, que no tots 291 van anar al front.

Font: Memòria Democràtica, Francisco Pérez Pulido,

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“Esperem que tots els partits polítics que es presenten a les eleccions municipals del 28 de maig de 2023, a Bellaterra, reclamin en els seus programes el compliment d’aquesta vigent Llei de Memòria Democràtica

Josep Maria Marcet (alcalde franquista de Sabadell,1940-1960) i Joan Baptista Viza, lluitador franquista des de Burgos, 1936-1939)|BELLLATERRA.CAT

Bellaterra.Cat torna a assenyalar i exigir que es retiri del nomenclator de l’EMD de Bellaterra, carrers existents amb noms franquistes, com ara: Josep Maria Marcet i Joan Baptista Viza.

“Demanem que es deixin d’emparar noms vinculats amb la dictaduta de Franco i demostrin que són demòcrates en els fets i en les formes”,

Aquesta entitat cívica informativa creada al poble de Bellaterra el 2009, ha insistit i reclama a Ramon Andreu Atik, president de l’EMD de Bellaterra (Partit polític Gent X Bellaterra), que apliqui la Llei de la Memòria Històrica i Democràtica vigent, ( Llei 20/2022, de 19 d’octubre, de Memòria Democràtica, BOE, eliminar els noms dels carrers de Bellaterra que encara conserven referències de la Dictadura franquista.

Aprofitant l’exhumació d’altres dictadors, com Miguel Primo de Rivera (fundador de la Falange), i Queipo de Llano (45.000 afusellats a Andalusia), i en compliment de la llei de Memòria Democràtica. Recordem als governs municipals de Cerdanyola del Vallès i EMD de Bellaterra, governat per Gent X Bellaterra i PSC, que també han de complir la llei. Fa un temps ho varem sol·licitar personalment a Pedro Sánchez, (President del Govern d’Espanya), i posteriorment a David González, (regidor de relacions amb Bellaterra).

Aquesta dignificació de la nostra democràcia encara no ha arribat a Bellaterra, ja que encara porten nom de persones vinculades a la dictadura de Franco, que personalment van lluitar amb armes contra la República Espanyola, votada democràticament pel poble. Resulta incongruent que eduquem els nostres fills, transmetent-li valors com el respecte, la igualtat, la democràcia, etc. passejant per carrers que porten el nom de persones que van atemptar contra aquests valors”FACTA NON VERBA X BELLATERRA!

Però és que a més, quan aquest mitjà informatiu, Bellaterra.Cat “Sense ànim de lucre”, ho va sol·licitar a Ramon Andreu Atik, (President de l’EMD), aquest va passar la parata calenta als veïns d’aquests carrers, perquè recullin signatures, com van fer per a l’annexió de Bellaterra a Sant Cugat del Vallès. En democràcia cal actuar i no amagar-se darrere dels despatxos oficials i les seus polítiques.

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Resposta de Pedro Sánchez (Presidente del Gobierno de Espanya) a Bellaterra.Cat👇

Gracias por escribir de nuevo al presidente del Gobierno. Le contestamos en su nombre. Ante todo, volvemos a trasladarle nuestro aprecio por sus amables palabras.

En cuanto a la cuestión concreta que plantea, como sabe, la Ley de Memoria Democrática ilegaliza todas las manifestaciones públicas de exaltación al franquismo, desde monumentos y placas hasta topónimos y nombres de vías públicas. Tanto administraciones como particulares serán objeto de sanción de no cumplir con esta normativa.

Por ello, le sugerimos que se mantenga en contacto con su ayuntamiento. Además, puede compartir esta situación con el mayor detalle posible ante la Dirección General de Memoria Democrática a través del siguiente correo electrónico: DG.MDemocratica@mpr.es.

Una vez más, valoramos su confianza, seguimos a su disposición y le enviamos un cordial saludo,

Unidad de Comunicación con la Ciudadanía

Gabinete de la Presidencia del Gobierno

Edificio Semillas – Complejo de La Moncloa

Avda. Puerta de Hierro s/n – 28071 Madrid

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-El franquista Josep Maria Marcet, (alcalde de Sabadell de 1940 a 1960), va lluitar amb armes contra la república

-El bellaterrenc franquista Joan Baptista Viza, l’any 1936 va marxar a Burgos per ajudar al cop militar contra la República

Bellaterra segueix amb nomenclàtor franquista des de 1939
Monòlit de Bellaterra a Josep Maria Marcet, alcalde franquista de Sabadell de 1940 a 1960

A l’enllaç de sota podeu consultar la llei de Memòria Històrica 👇

https://www.boe.es/eli/es/l/2022/10/19/20/con

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Hitler saludant a Queipo de Llano|National Geogràfic

Xevi Sala | El principal especialista a desinflar l’efecte Feijóo és el mateix Feijóo: només a algú així se li podia acudir, la setmana que a tots els cementiris es ret homenatge als difunts, afirmar que a ell només el preocupen els vius. Ho va dir quan el van incomodar preguntant-li què en pensava de l’exhumació del general franquista Gonzalo Queipo de Llano, però potser en realitat la seva resposta incloïa una referència subtil al Caudillo, que per al PP sempre ha estat un mort molt viu. En qualsevol cas, el do de l’oportunitat del líder en (des)construcció dels populars resulta innegable perquè aquesta setmana també se celebrava el primer Dia de Record i Homenatge a totes víctimes del cop militar perpetrat per Franco, ja fos en qualsevol de les modalitats de mort, repressió o exili. A la dreta espanyola li emprenya molt sacsejar aquesta catifa, sobretot perquè la merda que s’hi apilona a sota podria esquitxar més d’un amic, familiar o descendent, tots degudament posicionats a la judicatura, l’exèrcit o l’alt empresariat, perquè ja se sap que el franquisme no es destrueix, tan sols es transforma sota infinites capes de caspa. Aquí tenim l’exemple de l’exministre de l’Interior, Rodolfo Martín Villa, investigat a l’Argentina perquè a Espanya en lloc de Reparació vam tenir Transició. Aquests dies la pel·lícula Argentina 1985 ens recorda precisament com en aquell país van tenir el coratge de fer seure al banc dels acusats els responsables de la sagnant dictadura militar. A l’Espanya d’en Feijóo, evidentment, tot això seria una pèrdua de temps perquè només compten els vius. Això sí, sempre que els vius visquin a barris homologables a La Moraleja, no formin part de la cua de l’atur i no tinguin el mal gust de ser desnonats. El desnonament del general de la tomba de la basílica de la Macarena ha servit per recordar l’existència d’altres casos incompatibles amb la llei de memòria històrica, que prohibeix tenir restes d’antics dirigents del cop d’estat del 1936 en llocs preeminents. És clar que per a Feijóo la que hauria d’estar morta i enterrada és la llei.

Font: El Punt Avui

National Geogràfic

“Este muerto está muy vivo”

Xevi Sala | El principal especialista en desinflar el efecto Feijóo es el propio Feijóo: sólo a alguien así se le podía acudir, la semana que a todos los cementerios se rinde homenaje a los difuntos, afirmar que a él sólo le preocupan los vivos. Lo dijo cuando le incomodaron preguntándole qué pensaba de la exhumación del general franquista Gonzalo Queipo de Llano, pero quizá en realidad su respuesta incluía una referencia sutil al Caudillo, que para el PP siempre ha sido un muerto muy vivo . En cualquier caso, el don de la oportunidad del líder en (des)construcción de los populares resulta innegable porque esta semana también se celebraba el primer Día de Recuerdo y Homenaje a todas víctimas del golpe militar perpetrado por Franco, ya fuera en cualquiera de las modalidades de muerte, represión o exilio. A la derecha española le cabrea mucho sacudir esta alfombra, sobre todo porque la mierda que se amontona abajo podría salpicar a más de un amigo, familiar o descendiente, todos debidamente posicionados en la judicatura, el ejército o el alto empresariado, porque ya se sabe que el franquismo no se destruye, tan sólo se transforma bajo infinitas capas de caspa. Aquí tenemos el ejemplo del exministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, investigado en Argentina porque en España en lugar de Reparación tuvimos Transición. Estos días la película Argentina 1985 nos recuerda precisamente cómo en aquel país tuvieron el coraje de sentar en el banquillo a los responsables de la sangrienta dictadura militar. En la España de Feijóo, evidentemente, todo esto sería una pérdida de tiempo porque sólo cuentan los vivos. Eso sí, siempre que los vivos vivan en barrios homologables en La Moraleja, no formen parte de la cola del paro y no tengan el mal gusto de ser desahuciados. El desahucio del general de la tumba de la basílica de Macarena ha servido para recordar la existencia de otros casos incompatibles con la ley de memoria histórica, que prohíbe tener restos de antiguos dirigentes del golpe de estado de 1936 en lugares preeminentes . Está claro que para Feijóo la que debería estar muerta y enterrada es la ley.

Fuente: El Punt Avui

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Les restes mortals de la històrica militant del Partit Comunista Aurora Picornell, coneguda com la Pasionaria mallorquina, han aparegut al cementiri de Son Coletes de Manacor, on va ser enterrada després de ser afusellada juntament amb quatre companyes durant la Guerra Civil.

Cementeri de Son Coletes|GOVERN BALEAR.


El vicepresident del govern balear i conseller de Memòria Democràtica, Juan Pedro Yllanes, ha informat aquest dijous sobre la troballa del cadàver de la costurera sindicalista, assassinada el 5 de gener de 1937.

Les proves d’ADN han confirmat que Picornell és una de les cinc dones les restes de les quals van aparèixer a la fossa número 3 del cementiri de Son Coletes entre el novembre i el desembre de l’any passat, durant la segona fase d’excavacions i exhumacions del cementiri de Manacor.

Les altres quatre dones podrien ser, segons els investigadors, les companyes assassinades amb a Picornell que completaven el grup conegut com les roges del Molinar: Belarmina González Rodríguez, Catalina Flaquer Pascual i les seves filles Antònia i Maria Pascual.
Aurora Picornell, nascuda el 1912, va ser responsable de l’organització de les dones del PCE a les Illes Balears, impulsora del sindicalisme i promotora del Dia de la Dona a Mallorca. Casada amb l’històric agent comunista Heriberto Quiñones, amb qui va tenir una filla, va ser detinguda després del triomf del cop militar en els primers dies de la guerra, empresonada a la presó provincial i més tard a la de dones de Palma, fins que el 5 de gener de 1937 va ser afusellada.

El govern balear descriu Picornell com “la figura més emblemàtica del panorama polític republicà a les Illes Balears”. “Estem molt orgullosos d’haver-la trobat perquè els seus botxins volien fer-la desaparèixer i esborrar-la de la història, però no se n’han sortit”, ha assegurat Yllanes.

Aurora Picornell Femenies (Palma, 1 d’octubre de 1912 – Manacor, 5 de gener de 1937) va ser una política i sindicalista mallorquina, d’ideologia comunista i feminista, activa a Mallorca, València, Eivissa i Menorca durant la Segona República. Fou assassinada pels franquistes la nit de Reis de 1937. És el símbol de l’esquerra mallorquina. Cònjuge
Heriberto Quiñones González

L’any 2017, quan es van complir 80 anys del seu assassinat, va ser nomenada per unanimitat Filla Predilecta de l’Illa de Mallorca. I el 4 març de 2019 l’Ajuntament de Palma i el Consell de Mallorca inauguraren un bust d’Aurora Picornell al Born del Molinar per «recordar la seva figura».

Vida i obra

Aurora Picornell va néixer al Molinar de Llevant de Palma, l’1 d’octubre de 1912, filla del fuster comunista Gabriel Picornell Serra i de Joana Femenies Coll. Era la sisena de set germans, dins una família que quedaria mutilada pel cop d’estat franquista: son pare i els seus germans Ignasi i Gabriel també foren assassinats, mentre que els germans Joan i Llibertat, embarcats el 18 de juliol de 1936 cap a les Olimpíades Populars de Barcelona, pogueren salvar la vida, però per conèixer l’exili. Joan fou internat en un camp nazi durant la Segona Guerra mundial i morí poc després de ser alliberat. Aurora deixà una filla, Octubrina Quiñones Picornell (1934-1969).

El primer escrit conegut d’Aurora Picornell és la introducció, signada als 16 anys, juntament amb Glòria Vilalta, de Barcelona, i Evangelina Cáceres, de Granada, del llibre editat a Mallorca per la feminista i espiritualista granadina Margarita Leclerc Herreros, La mujer, ¿es superior al hombre? Estudio dividido en tres meditaciones (1928). Aurora coneix Margarita Leclerc, resident a s’Arenal de Palma, probablement per mediació d’Ateu Martí, comunista i maçó, que també la introdueix dins la Lliga Laica, de la qual és l’única dona i vocal de la Junta des de 1930.

Reconeguda per les seves intervencions públiques en la Lliga Laica, Aurora comença el gener de 1931, amb 18 anys, la seva col·laboració regular al setmanari Ciutadania, del Partit Republicà Federal. L’abril del mateix any també inicia els seus articles al setmanari comunista Nuestra Palabra, primer sota el pseudònim “Amanecer”, en què reflecteix les condicions de vida de les treballadores, estimulant la formació de societats de defensa i la sindicació, cosa que ella fa, al mateix temps, directament, organitzant el sindicat de sastresses.

L’estiu de 1931 ingressà en el PCE després d’uns primers mesos de militància en la Joventut Republicana Federal.

Durant els anys 1932-1933 es trasllada a València amb el seu company Heriberto Quiñones, càrrec responsable del Partit Comunista. Allà actua sota el nom d’Amparo Pinós, escollit segons la tradició de fer servir un nom de guerra amb les mateixes inicials que el nom legal.

A la tornada a Mallorca, l’any 1934, amb Quiñones empresonat per la repressió de l’Octubre asturià, Aurora intensifica la seva activitat política. Es desplaça a Menorca, i en queden com a testimoni diversos articles a Nuestra Palabra, i organitza a Mallorca el sector femení del Partit Comunista.

La repressió que segueix a l’Octubre asturià del 1934, veu intensificar la seva activitat. L’octubre de 1935 és detinguda i empresonada per vendre premsa comunista –i en segueixen articles explicant les condicions de vida dins la presó. La lluita per l’amnistia als represaliats d’Astúries, la direcció de l’organització local del Socors Roig internacional, la preparació de la unitat popular per a les eleccions de febrer del 1936, la responsabilitat de l’edició de Nuestra Palabra i la incorporació de les dones a la lluita sindical i política centren la seva acció, amb nombrosos articles i mítings arreu de Mallorca, i troba el punt àlgid en el míting del 8 de març, Dia de la Dona Treballadora, del 1936, a la Casa del Poble de Palma, on, per primera vegada, un acte multitudinari que reuneix milers de persones està presidit exclusivament per dones, representant les sensibilitats d’un Front Popular que acaba de guanyar les eleccions.

Aurora, tercera per la dreta, mostra un exemplar de Nuestra Palabra
Simultàniament a la seva activitat pública, Aurora, amb Joan Mercant Rabassa, també comunista i també assassinat a Porreres la mateixa nit que ella, ensenyen als vespres a llegir i escriure els infants sense escola del barri dels Socors de Palma.

Segons algunes fonts, el 18 de juliol de 1936 va fer part del grup de militants del Front Popular que exigiren al governador civil de Balears Antonio Espina que distribuís armes als obrers per fer front al cop d’estat contra la República. Fou detinguda el 19 de juliol, possiblement en les proximitats de la Casa del Poble de Palma.

Tancada a la presó Provincial de Palma (o “dels Caputxins”) el novembre fou traslladada, amb la resta de les dones, a la de Can Sales. La nit del 5 al 6 de gener de 1937 fou treta juntament amb les seves companyes del Partit Comunista Catalina Flaquer, les seves filles –Antònia i Maria Pascual Flaquer– i Belarmina González Rodríguez (sense militància coneguda). Les cinc dones –conegudes com les Roges del Molinar– van ser vexades i assassinades a l’oratori de la Creu, de Porreres.

Circularen nombroses llegendes a l’entorn de les circumstàncies que envoltaren la seva mort, com que estava embarassada, que plantà cara als assassins i que un falangista anomenat Mateu exhibí l’endemà la seva roba interior en un bar del Molinar.

Font: El Punt Avui

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La cambra alta ha donat llum verda a la norma per 128 vots a favor, 113 en contra i 18 abstencions.

“Recuperar les restes d’un ésser estimat no és ni d’esquerres ni de dretes, és pura humanitat”, ha afirmat el ministre de la Presidència espanyol Félix Bolaños.

Fosa común de La Algaba|ARANZADI

El ple del Senat espanyol ha aprovat de forma definitiva el projecte de llei de Memòria Democràtica, que, entre altres aspectes, obre la porta a estudiar possibles vulneracions de drets humans entre el 1978 i finals del 1983.

La llei impulsada pel govern espanyol format pel PSOE i Unides Podem ha estat aprovada aquest dimecres al ple del Senat per 128 vots a favor, 113 en contra i 18 abstencions, després d’un debat de cinc hores amb retrets creuats entre l’esquerra i la dreta.

Els més crítics han estat el PP, Vox, Cs i UPN, que han presentat per separat quatre vetos (esmenes a la totalitat) a la llei que han estat rebutjats al ple.
En declaracions després de l’aprovació de la llei, el ministre de la Presidència espanyol, Félix Bolaños, ha afirmat: “Avui és un dia inoblidable per a la democràcia espanyola perquè fem millor a la nostra democràcia. Passem pàgina definitivament de la història més negra de la nostra història, de la dictadura, de la Guerra Civil i abracem i reivindiquem el millor de la nostra història, les persones que van lluitar per la democràcia, perquè avui Espanya fos una democràcia avançada i europea, per la transició, per la llei d’amnistia, per la Constitució, per la democràcia. Avui és un dia molt emocionant per a tots”.

Bolaños ha tingut un record per a “totes aquelles persones que van ser víctimes tant de la Guerra Civil com de la dictadura i la repressió franquista”. El ministre espanyol ha afegit: “Aquesta és una llei humanitària, que està amb les víctimes”. Bolaños ha lamentat que no hi hagi hagut un “amplíssim” consens ja que les víctimes ho mereixen. “Recuperar les restes d’un ésser estimat no és ni d’esquerres ni de dretes, és pura humanitat”, ha afirmat.

L’aprovació de la llei de Memòria Democràtica avui al Senat és definitiva, ja que el text no ha incorporat cap modificació respecte l’aprovat el passat 14 de juliol al ple del Congrés espanyol, amb la qual cosa no haurà de tornar a la cambra baixa.

Font: Memòria Democràtica, El Punt Avui,

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Entre els cadàvers trobats podrien estar els dos joves del poble d’Arjonilla (Jaén), Luis i Leonardo Torres Rueda, de 19 i 21 anys respectivament.

Els treballs d’exhumació de la fossa comuna de La Algaba s’han saldat amb la localització de 59 cadàvers davant de la previsió inicial de rescatar 144 cossos, segons l’Associació Pro-Memòria Democràtica Vega Media del Guadalquivir.

Fossa comuna de La Algaba (Sevilla) – ASSOCIACIÓ COMARCAL PRO-MEMÒRIA DEMOCRÀTICA VEGA MEDIA DEL GUADALQUIVIR

L’Ajuntament algabeny, que ha dut a terme aquestes tasques des del mes de maig passat gràcies a una subvenció concedida per la Federació Espanyola de Municipis i Províncies (FEMP) complementada amb fons propis, dóna per finalitzada així l’exhumació en constatar que no hi ha indicis de la presència de més restes humanes a la parcel·la excavada, situada a l’antic cementiri de la localitat.

L’empresa Aranzadi, encarregada de l’exhumació, n’ha extret un total de 59 esquelets humans, 18 durant la primera fase dels treballs, l’any 2021, i 41 en aquesta segona fase entre maig i juny de 2022. A aquests cal afegir les restes de -almenys- tres persones més trobades durant els treballs realitzats el passat any 2014 per l’arqueòleg Juan Luis Castro i el seu equip.

Es tracta dels cossos de presos del camp d’extermini de Las Arenas, que van morir a causa de la desnutrició i de malalties. Les seves restes han estat dipositades al cementiri municipal per al seu estudi antropològic a l’espera que la Junta d’Andalusia faci les oportunes proves genètiques als familiars localitzats a tot Espanya per l’Associació Comarcal Pro Memòria Democràtica Vega Media del Guadalquivir.

Segons les investigacions dels historiadors María Victoria Fernández Luceño i José María García Márquez, un total de 144 interns del camp de treball esclau de Las Arenas van morir entre 1941 i 1942 a causa de les males condicions de vida que van patir: amuntegament, pèssimes condicions higièniques, desnutrició i malalties.

Totes aquestes víctimes, procedents de diverses comunitats autònomes espanyoles, però també de Portugal i Algèria, van ser portades al camp esmentat per les seves idees d’esquerres o, simplement, per ser pobres que exercien la mendicitat als carrers de Sevilla després de la Guerra Civil, i van ser emprades com a mà d’obra esclava a la construcció del Canal del Viar, en altres obres i en feines agrícoles.

Es dóna la circumstància que dels 144 morts se’n coneixen els noms i els cognoms, la data de la mort i el lloc de naixement, per la qual cosa des de l’Associació Comarcal s’ha fet una feina ingent per localitzar els seus familiars.

Per això, i amb la força que dóna l’esperança manifestada pels familiars, aquesta associació considera ineludible la necessitat de trobar una segona fossa comuna on reposin les restes de les 82 persones que completarien la vergonyant llista dels presos que van morir al camp de extermini de les Arenes. En aquest sentit, se seguirà treballant al costat de l’Ajuntament de l’Algaba fins aconseguir l’exhumació de totes les restes humanes de les víctimes i donar-los una sepultura digna

Font: Europa Press

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Un documental dirigit pel periodista Salvador Dolz retrata la difusa repressió de postguerra en localitats com Manises (València)

LUCAS MARCO|“Benvolgut papà: no sé a quin procediment recórrer per aconseguir que les meues cartes arriben a les teues mans o que me n’arribe alguna teua”. És una de les missives de presos en presons, camps de concentració o exiliats que estan catalogades en l’Arxiu Municipal de Manises (València), enviades en la immediata postguerra i que mai van arribar als seus destinataris per a desesperació dels seus autors. 

“Era un material molt interessant del qual poc s’ha escrit a Espanya”, assegura l’historiador Salva Espí, encarregat de catalogar la documentació de Falange en l’Arxiu Municipal de Manises. L’ajuntament de la localitat va encarregar un documental al director i guionista Salvador Dolz, que s’estrena el pròxim 28 de març a l’Auditori Germanies i que retrata l’ambient de postguerra en localitats menudes. 

La gran majoria del mig centenar de missives correspon a presos en presons i camps de concentració, a més d’exiliats, que escrivien als seus familiars a la recerca d’avals i per mantindre’ls al corrent del seu incert destí. “Que et roben unes cartes no és una ximpleria sense importància, en aquest context era molt seriós i feia molt de mal”, explica a elDiario.es Salvador Dolz, el director del documental Cartes robades. Els papers de Manises.

L’arxiu de Falange es va salvar miraculosament de la desaparició i l’historiador Salva Espí ha treballat una dècada catalogant els 6.000 documents aproximadament que conté. El material trobat “és extraordinari”, remarca Espí, que va localitzar entre els milers de documents la documentació sobre una visita d’alt rang de les Joventuts Hitlerianes a València. Part del material arxivístic, que va passar dècades oblidat en el Café Arriba de Manises, seu local del partit del jou i les fletxes, es va fer malbé per inundacions i la mala conservació. 

“Per a nosaltres va ser excepcional trobar-les i excepcional la seua conservació, perquè eren cartes que havien sigut censurades a persones molt concretes, la voluntat era minvar la moral i procurar fer tot el mal possible com a escarment als familiars que estaven a casa i que no tenien notícies dels seus familiars ni sabien si devien estar vius”, assegura l’arxiver municipal de Manises, Vicent Masó. 

El pare del director del documental, soldat republicà, va estar pres en el camp de concentració de la Plaça de Bous de València, un dels més de 300 que el bàndol franquista va crear a Espanya durant la postguerra. La troballa de les cartes ha servit per a traçar en el documental la història a petita escala de la repressió franquista en localitats menudes i l’efecte col·lateral en les famílies dels vençuts de la Guerra Civil. “Es tracta d’una repressió difusa a què no hem donat prou importància”, declara Dolz. 

Per a la periodista Rosa Brines, productora executiva de Cartes robades. Els papers de Manises, el documental “posa en valor aquestes microhistòries que moltes vegades queden relegades dels grans relats històrics, la història de la gent que ha quedat en l’oblit i en l’anonimat”. I en aquest pla més ajustat, Brines destaca el “paper crucial” de l’historiador local. 

En el cas de Manises, la tasca de catalogació de Salva Espí ha permés traçar el pes que en la postguerra i, en menys mesura, durant la resta de la dictadura va tindre la Falange. “Hi ha una qüestió bàsica i és que aquesta gent confon l’ajuntament amb el partit”, assegura Espí, que destaca la “sort” que el material que va quedar abandonat haja pogut rescatar-se.

En total, 22 caixes que actualment estan en l’Arxiu Municipal de la localitat valenciana, a tocar de la capital. “Allò era el far west”, tercereja el director del documental. “Havien guanyat la guerra i feien el que els donava la gana”, postil·la Dolz. 

Cartes robades. Els papers de Manises compta amb la investigadora Mélanie Ibáñez, especialitzada en la repressió franquista cap a les dones, que precisa que en la repressió franquista de postguerra “responia moltes vegades a denúncies que no es podien provar”. “Això genera un estat paranoic de desconfiança”, afig el psicòleg clínic Enric Pons. 

Qui va robar les cartes?

Les missives segrestades mostren la desesperació dels presos i exiliats pel fet de no obtindre resposta dels seus familiars. “Aquestes cartes”, explica Pons, “el que denoten és un sentiment de desemparament i de desprotecció”. “Els ideals ja no estan, ja no es dona la il·lusió per canviar una societat i l’única cosa que busques és sobreviure, però aquesta supervivència només la pots esperar dels familiars més pròxims, perquè ningú te la donarà”. 

“L’oblit per part de la teua família és un dels sofriments més profunds per a qualsevol ésser humà, perquè equival a la idea que ja no existeixes per als teus”, abunda la periodista Rosa Brines. “Un dels puntals del documental”, precisa el seu director i guionista, “és el poder absolut que tènia Falange en les poblacions”. La productora de l’audiovisual també destaca el relat sobre l’experiència de les dones, moltes amb fills a càrrec seu: “Van patir pobresa i humiliació i van ser doblement víctimes, com ho són en totes les guerres”. 

“Les cartes robades és la història de fins a quin punt el règim, o la Falange en aquest cas, va sentir un menyspreu profund pels perdedors de la guerra, i va arribar fins al punt de voler incomunicar les famílies, que es perderen el rastre els uns als altres, desmembrar-los”, afig Brines. 

Qui va robar les cartes? Encara que no és possible confirmar-ho del tot, l’historiador Salva Espí està convençut que va ser obra del Servei d’Informació de Falange, molt actiu en la minuciosa repressió de postguerra. Dos dels remitents de les cartes van morir en l’exili, un altre va ser capturat pels nazis a França i va morir en un camp de concentració. Dos autors més de les cartes van ser afusellats a Paterna. De la resta no s’ha pogut localitzar cap rastre. 

“Es calcula que la duració d’aquests traumes i les experiències és fins a la tercera generació”, conclou el psicòleg Enric Pons. 

Font: http://www.eldiario.es

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