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“El seu fill Andrés Szegedi és veí de Bellaterra, i amb Steve Archivald un dels fundador del Walking Futbol Union

Marcado por la Segunda Guerra Mundial, Nicolae Szegedi fue un apátrida hasta que recaló en Australia

David Salinas @flytoapia

El equipo del FC Barcelona que ganó al Sevilla (5-3) en Les Corts el 2 de diciembre de 1951: Ramallets, Biosca, Gonzalvo III, Cheché Martín, Seguer y Manchón (de pie y de izquierda a derecha). Agachados (mismo orden): Basora, Kubala, Vila, Szegedi y Aldecoa | ARCHIVO FAMILIA SZEGED

Nicolae Szegedi, primer jugador romanès del FC Barcelona|ARXIU FAMÍLIA SZEGEDI

Ayer, viernes 1 de mayo, se cumplió el centenario del nacimiento de Nicolae Szegedi, jugador del FC Barcelona entre 1950 y 1952. En sus 58 años de vida experimentó todo el abanico de sensaciones posible: pobreza, suerte, peligro, inseguridad, éxito, fama, felicidad… La existencia de Szegedi estuvo marcada por el fútbol, la Segunda Guerra Mundial, los constantes y exitosos regates al comunismo y la búsqueda de un lugar en el que sentirse seguro. Una vida irrepetible, de película.

Nacido el 1 de mayo de 1920 en Grimancauti, entonces Rumanía, hoy Moldavia, Nicolae Smatoc Szegedi estaba destinado a trabajar la tierra, como su padre, al que perdió cuando era un niño. Cuenta el periodista de SPORT, Javier Giraldo, en un reportaje publicado en la última edición de la revista Panenka, que la fortuna sonrió a Nicolae a los 13 años, cuando un ‘cazatalentos’, casi por casualidad, se lo llevó a Timisoara para jugar en el Ripensia.

El bellaterrenc Andrés Silvio Simatoc Szegedi, fill del primer jugador romanès del FC Barcelona|BELLATERRA. CAT

En su primera estación ya se vio obligado a cambiar el nombre, pasando de Smatoc a Simatoc para ocultar su procedencia y, así, evitar le menosprecio que sufrían en el resto del país los habitantes de Besarabia, su región natal. El estallido de la Segunda Guerra Mundial lo atrapó con 19 años y, cuando pudo, huyó del Ejército y de Rumanía, convirtiéndose en un apátrida.

Con una identidad falsa vivió del fútbol entre Budapest (enrolado en el Vasas), Bucarest (Carmen) y Oradea (Nagyváradi). Después pasó a Italia vía Suiza tras “un viaje terrible, en pleno invierno y atravesando montañas heladas”, recuerda su hijo Silvio en Panenka. En Italia jugó en el Inter de Giuseppe Meazza (entre 1947 y 1949, 16 partidos y 3 goles) y en el Brescia (1949-50), donde nació Silvio.

Seguidamente se unió al Hungaria, un equipo de refugiados húngaros dirigido por Ferdinand Daucik, futuro entrenador del Barça, en el que destacaban, entre otros, Laszi Kubala. Simatoc, que no era húngaro (aunque sí su esposa, Etel Sztolárcsik, una joven aristócrata), adoptó entonces su apellido magiar: Szegedi.

Nicolae Szegedi, primer jugador romanès del FC Barcelona amb el seu fill Andrés Szegedi a la Plaça Catalunya|ARXIU FAMÍLIA SZEGEDI

EL BARÇA

Llamó la atención en una gira por España por su calidad técnica (desde 30 metros era capaz de sacar el sombrero a una persona con su toque de balón), envergadura y altura (1,95 m). El Barça no se lo pensó (pagó 300.000 pesetas de traspaso al Brescia) y le ofreció un contrato de tres años (1950-1953). En noviembre de 1950 habló para Marca y ya demostró tener mundo y un agudo sentido de supervivencia. Se quitó tres años y escogió otro origen: dijo que nació en 1923 y que lo hizo en Temesvér (Timisoara en húngaro).

Y, deportivamente hablando, reconoció que, pese a empezar de centrocampista, ahora prefería jugar de central, aunque siempre mantuvo que “no me gusta quitar balones al contrario”. Añadió que “juego en todas las posiciones, menos de portero. Y, en realidad, el único que no me gusta es el puesto de suplente”. Y otra perla: “¿Le preocupan a usted los jugadores contrarios? –le preguntaron–. Soy yo el que les preocupo a ellos”, respondió.

Szegedi, entonces Nicolás, o Sima, debutó el 10 de septiembre de 1950 en Les Corts contra la Real Sociedad (8-2), estuvo en un histórico 7-2 al Real Madrid y jugó su último partido oficial el 2 de diciembre de 1951, un Barça-Sevilla (5-3). Ganó una Liga, dos Copas, una Copa Latina y la Copa Eva Duarte. Fue uno de los integrantes del Barça de las Cinco Copas. Pero el club le rescindió el contrato el 27 de marzo de 1952 por indisciplina (repetidas ausencias a entrenamientos, retrasos, caso omiso a los servicios médicos…) aunque a efectos legales fue como si hubiera acabado la temporada. Quedó libre.

OVIEDO, ÚLTIMA ETAPA EN ACTIVO

Fichó por el Oviedo, donde nació su segundo hijo, Santiago (ya fallecido). Solo jugó cinco partidos. Una antigua lesión en la rodilla precipitó su adiós con casi 33 años. Después tuvo un discreto paso por los banquillos (Turón, Langreano, Lleida y Sabadell). En Asturias fue muy querido. Montó una bolera americana en Oviedo (registró la patente) y mantuvo la costumbre húngara de invitar a comer a un pobre en la mesa de su casa. También fue director técnico del Espanyol (1961-62). Fue entonces cuando el destino le reservó la mejor etapa de su vida: Australia.

En el Down Under le ofrecieron el banquillo de un equipo fundado por exiliados húngaros, el St. George Budapest Club de Sídney, y un trabajo en el ferrocarril, aunque solo se dedicó al fútbol. Su esposa, por temor a represalias, como asegura Silvio, “le pidió que cambiara de apellido”. Así, de Nicolae Simatoc pasó a Nicholas Sims (lo más parecido que encontró en la guía telefónica).

El australiano fue su primer y único pasaporte después de 20 años sin nacionalidad. En Australia también dirigió al Polonia Western Eagles y a la selección olímpica. Falleció de un repentino y fulminante ataque de corazón en un club social de Sídney el 1 de enero de 1978, jugando una partida de póquer, su otra gran pasión.

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