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Archive for 1/06/2015

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Javier Ayuso

  
Los resultados de las elecciones autonómicas y locales del 24 de mayo han confirmado la tendencia de los últimos 18 meses: los partidos tradicionales (PP y PSOE) siguen perdiendo fuerza en favor de los llamados emergentes (Podemos y Ciudadanos). Sin embargo, las alarmas que se encendieron en marzo en el establishment español, cuando las encuestas ofrecían un escenario de cuádruple empate entre esas fuerzas políticas, se han mitigado al encontrar populares y socialistas un suelo superior al de las elecciones europeas de 2014. El bipartidismo ha aguantado en el entorno del 55%, aunque los expertos advierten que si no hay una mayor reacción por parte de los tradicionales, el avance de las nuevas fuerzas políticas puede ir cerrando la brecha a mayor velocidad que hasta ahora.

La primera conclusión del 24M es que los españoles apuestan por el cambio y que ese cambio supone una transformación importante del mapa político nacional y un giro hacia la izquierda. La crisis política, económica, social e institucional, unida a los escándalos de corrupción, han castigado al partido en el Gobierno y, en menor medida, a la primera fuerza de la oposición que, no solo no ha conseguido apropiarse de parte de los casi dos millones y medio de votos perdidos por el PP, sino que se ha dejado más de 600.000 votos en las municipales. La aspiradora de Podemos y Ciudadanos ha absorbido buena parte de esos tres millones de sufragios, además de los “robados” a Izquierda Unida y a UPyD.
Es significativo también el vuelco que se ha producido en el País Vasco y Cataluña en las elecciones municipales. Mientras que el PNV ha sido el claro ganador en las principales ciudades vascas (ha consolidado su hegemonía en Bilbao y ha expulsado a Bildu de la alcaldía de San Sebastián), CiU ha reducido su poder municipal perdiendo el Ayuntamiento de Barcelona. El maridaje CiU-ERC ha favorecido a los más independentistas, mientras que el divorcio PNV-Bildu ha dado más fuerza a los primeros.
El PSOE ha tenido los peores resultados municipales y autonómicos de su historia pero recupera gobiernos en toda España
Hay, sin embargo, algunas paradojas del primer análisis electoral. El PP ha ganado las elecciones municipales y autonómicas, pero perderá muchas de las grandes ciudades que controlaba y podrá mantener el poder territorial tan solo en cuatro autonomías (Madrid, Castilla y León, Murcia y La Rioja), porque no ha conseguido revalidar ninguna de las ocho mayorías absolutas que alcanzó en 2011.

Ya se sabía que el Partido Popular era el que más tenía que perder, porque partía de una situación de éxito en las elecciones municipales, autonómicas y generales de 2011, que le otorgaron un poder inédito en España. Sin embargo, los estrategas populares pensaban que una campaña basada en la mejora económica y el miedo a la izquierda radical compensarían el castigo previsto por la desafección ciudadana. La campaña ha conseguido fijar un suelo de seis millones de electores y sólo la movilización general de la derecha y el centro derecha podría llevar al PP a ganar las elecciones en noviembre.

Para ello hacen falta “medidas de renovación y un mayor contenido político en los mensajes para combatir el desapego provocado por la corrupción y la desigualdad”, según se pone de manifiesto de un informe elaborado por el área de Asuntos Públicos que la firma Llorente y Cuenca ha enviado a sus clientes empresariales.

El problema para los populares es que los resultados del 24M han abierto la válvula de escape de una presión contenida durante años entre las distintas fuerzas del partido (el poder siempre da estabilidad interna) y se ha generado una crisis similar a la de 2008. Es habitual que cuando un partido pierde poder sus cuadros y dirigentes se pongan nerviosos; pero esta vez se está produciendo una desbandada tan importante que va a obligar al presidente del Gobierno y del partido, Mariano Rajoy, a dar un golpe de efecto, como ya hizo en el congreso de Valencia de 2008. O eso, o corre el riesgo, no sólo de perder las elecciones generales de noviembre, sino de tener que competir con Ciudadanos por la hegemonía del centro-derecha.
Podemos y Ciudadanos se enfrentan a su reválida política para ver si utilizan la llave para abrir o bloquear gobiernos
La paradoja en el PSOE es la opuesta: los resultados el 24M son los peores de su historia democrática, pero por distintas carambolas les van a permitir recuperar buena parte del poder autonómico y municipal perdido. Es indudable que el electorado ha dado un giro a la izquierda y Pedro Sánchez quiere aprovechar esta oportunidad para consolidar su liderazgo ofreciendo a las bases cuatro o cinco gobiernos autonómicos y algunos de los grandes ayuntamientos españoles. La cuestión es saber cómo valorarán los electores socialistas los pactos con Podemos.

Sánchez y la mayoría de los barones socialistas han criticado el populismo de Podemos durante toda la campaña. Además, son conscientes de que el objetivo de Pablo Iglesias, una vez ganada la OPA sobre Izquierda Unida, es seguir quitando votos al PSOE y convertirse en la alternativa de la izquierda. Por eso, la vieja guardia del partido está alertando al nuevo secretario general sobre los peligros de los pactos con Podemos. Es difícil renunciar a ocupar el poder, pero el abrazo del oso ha sido algo muy habitual y muy letal en la historia democrática española. Además, un giro a la izquierda permitiría a Ciudadanos ocupar ese espacio de centro o centro izquierda que tradicionalmente ha dado la victoria electoral al PSOE y en el que han situado los electores al partido socialista.

Todo ello sin olvidar el enfrentamiento indisimulado entre Pedro Sánchez y Susana Díaz y el escenario de primarias dentro de mes y medio para elegir al candidato socialista a presidente del Gobierno.

Tampoco lo tiene fácil Podemos. Es verdad que sus resultados en las autonómicas confirman su tendencia electoral creciente y que tienen la llave para apartar al PP del poder en muchos gobiernos territoriales y ayuntamientos. Sin embargo, su doctrina fundacional les convierte en enemigos de “la casta” que representa el PSOE, y abrirles todas las puertas podría influir negativamente en su electorado. Por el contrario, bloquear la gobernabilidad, como llevan haciendo en Andalucía desde marzo, también les puede pasar factura.

Una posición delicada, que exige decisiones acertadas por parte de Pablo Iglesias si aspira a seguir ocupando un espacio que le asegure unos buenos resultados en noviembre. El debate entre socialdemocracia o izquierda radical y el aparente giro hacia el centroizquierda que han querido vender, se desmorona cuando en las entrevistas insisten en que no hay debate entre izquierdas o derechas, sino entre democracia y oligarquía. Cuando olvidan ponerse la careta de Olof Palme les salen sus orígenes de izquierda anticapitalista y su estilo populista.

Podemos quiere apropiarse de los resultados en los ayuntamientos de Madrid y Barcelona, en donde han participado como una fuerza más en candidaturas ciudadanas lideradas con personas con mucho tirón popular. Incluso quieren imitar ese nuevo tono político que ha llevado a Manuela Carmena a tener la probabilidad cierta de ser alcaldesa de Madrid. No hay que descartar que inicien una búsqueda de candidatas con tirón para encabezar las listas en todas circunscripciones en noviembre.

Por último, Ciudadanos tiene que aprobar el examen de reválida política. Han conseguido unos buenos resultados electorales y han hecho acopio de muchas llaves que pueden abrir o cerrar puertas al PP o al PSOE. Hasta el momento están jugando al “sí pero no”, ofreciéndose a derecha e izquierda, pero llegará un momento en que tendrán que fijar su posición: apoyo o bloqueo al PP o al PSOE, o mantenerse entre ambos como si la cosa no fuera con ellos. Las tres posturas tienen premios y castigos electorales.

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